Surgió apenas la luz,
se enredaba el mar con el horizonte
volando el agua gris
entre las finas grietas
de las nubes blancas.
Suspiró el aire con calma
que envuelve las mañanas tristes
como si fuera una gran manta
tamizando los sonidos,
dándole magia
a las horas tempranas.
Vigilaba sin fuerza
el sol al día
sentándose ya derrotado
en la madrugada
sin sacar ni una espada puntiaguda
que deshiciera la niebla
ni la oscuridad.
El mundo de las nubes
rozándome la cara
se metía en mi piel
igual que un amante impetuoso,
pero con la delicadeza
del amor entre las manos.
Sereno resbaló el día
hacia la profunda noche
sin soltar la envoltura inmensa
que ponía calidez húmeda
a todas las horas,
a la vida
de los diminutos instantes
que me inundaban hoy.
se enredaba el mar con el horizonte
volando el agua gris
entre las finas grietas
de las nubes blancas.
Suspiró el aire con calma
que envuelve las mañanas tristes
como si fuera una gran manta
tamizando los sonidos,
dándole magia
a las horas tempranas.
Vigilaba sin fuerza
el sol al día
sentándose ya derrotado
en la madrugada
sin sacar ni una espada puntiaguda
que deshiciera la niebla
ni la oscuridad.
El mundo de las nubes
rozándome la cara
se metía en mi piel
igual que un amante impetuoso,
pero con la delicadeza
del amor entre las manos.
Sereno resbaló el día
hacia la profunda noche
sin soltar la envoltura inmensa
que ponía calidez húmeda
a todas las horas,
a la vida
de los diminutos instantes
que me inundaban hoy.