Erivan
Poeta recién llegado
Unos absortos en el níveo espectáculo no piensan más que en capturar imágenes eternas de aquél presagio del destino. Otros, mientras tanto, reforzando techos y ventanas para lograr sobrevivir al frío voraz que se les colaba hasta en las almas. Hablaron tras micrófonos de lo honrados que estaban de presenciar la nueva estación, llevaron a los camarógrafos a los privilegiados miradores del blanquecino momento; mutaron, como mutan los pensamientos para lograr ser aceptados.
Parecía que no comprendían que no era un capricho más de la naturaleza; sino una reacción a sus continuas acciones, una respuesta al cercenamiento de la patria verde, un grito de auxilio, una amenaza, una súplica de la, ya harta, naturaleza.
Y las mentes fueron tan pequeñas que no sintieron miedo del mañana, fueron tan torpes que sólo elevaron las manos para celebrar el crepuscular presente, tan estúpidos que luego de terminar la celebración fueron directamente a seguir mutilando la tierra, fueron tan chapines que siguieron depredando, cortando, talando, ensuciando fueron tan hijos de la patria verde, que no volvieron a ver a la madre pidiendo auxilio, intentando llamar su atención. Tan seres inútiles que siguieron sin hacer nada.
De todos modos ya era tarde, el destino estaba ya escrito por las mayorías. Y aquellos que si entendieron el mensaje, temblaron, lloraron en silencio el dolor de la naturaleza y sembraron un árbol más pero ya no era suficiente, o todos evolucionaban o seguiría nevando en la tierra del quetzal hasta soterrar hasta al último ser bajo la nieve llena de rabia.
Parecía que no comprendían que no era un capricho más de la naturaleza; sino una reacción a sus continuas acciones, una respuesta al cercenamiento de la patria verde, un grito de auxilio, una amenaza, una súplica de la, ya harta, naturaleza.
Y las mentes fueron tan pequeñas que no sintieron miedo del mañana, fueron tan torpes que sólo elevaron las manos para celebrar el crepuscular presente, tan estúpidos que luego de terminar la celebración fueron directamente a seguir mutilando la tierra, fueron tan chapines que siguieron depredando, cortando, talando, ensuciando fueron tan hijos de la patria verde, que no volvieron a ver a la madre pidiendo auxilio, intentando llamar su atención. Tan seres inútiles que siguieron sin hacer nada.
De todos modos ya era tarde, el destino estaba ya escrito por las mayorías. Y aquellos que si entendieron el mensaje, temblaron, lloraron en silencio el dolor de la naturaleza y sembraron un árbol más pero ya no era suficiente, o todos evolucionaban o seguiría nevando en la tierra del quetzal hasta soterrar hasta al último ser bajo la nieve llena de rabia.
