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Nikko el pequeño Samurai ( poema juvenil )

emuletero

Poeta veterano en el portal
Para Nikko hoy era un dia feliz,
cumplía sus doce años y esperaba un regalo especial,
la promesa de su padre de regalarle la katana,
un sencilla espada, pero con un don muy especial.

Era el símbolo que representaba el nombre de su casta,
dejando de ser un niño, se convertiría en su heredero,
sólo a base de esfuerzo y sacrificio lograría su cometido,
con la ayuda claro, de su progenitor para dirigirlo.


Kenzo, su padre era samurai enseñante,
curtido en mil batallas como general del imperio,
distinguido en mil medallas por el mismo emperador,
que hacían de Kenzo un gran Samurai del honor.

Había adquirido gran sabiduría con los años y estudios,
y con el arte de la espada no tenía rival,
no había en todo el imperio quien manejase su katana,
sólo el la podía desenvainar de su funda, era mágica,
nadie jamás la había visto en combate o duelo,
brillaba siempre como el jade verde con destellos dorados,
y el orgulloso la cuidaba como a un hijo preciado.


Sentados padre e hijo en la noche, con leños encendidos,
le impartía las lecciones que más le servirían en el futuro.

Fuerza, no en los músculos, sino en la cabeza,
en la voluntad del corazón para hacer el bien que se pueda.

Honor y generosidad, ayudando a conseguir a otras personas
lo que en vida necesitan, lo que su corazón les demanda.

Aprender a sembrar como el granjero de la hacienda,
buenas semillas,osea buenas acciones ,y cosecharas
bendiciones de tus ciudadanos, agradecimientos y sonrisas.


Matar la ambición desmedida, consiguiendo un trabajo
pobre pero digno que aleje el poder de tu egoísmo,
serás más poderoso, cuanto más humilde seas,
cuando cultives el amor y la benevolencia con los demás.

Y sobre todo, hijo mío, silencio, mucho silencio,
que cada palabra que salga de tu boca sea la adecuada
la que tu corazón dicta, tu alma debe ser intachada.


Padre e hijo se levantaron esa noche satisfechos,
tenían todo un largo camino por delante para charlar,
toda una vida para enseñar y aprender,
una vida para experimentar el tema más difícil de todos,
enseñar y aprender a querer.
 
Última edición:
Para Nikko hoy era un dia feliz,
cumplía sus doce años y esperaba un regalo especial,
la promesa de su padre de regalarle la katana,
un sencilla espada, pero con un don muy especial.
Era el símbolo que representaba el nombre de su casta,
dejando de ser un niño, se convertiría en su heredero,
sólo a base de esfuerzo y sacrificio lograría su cometido,
con la ayuda claro, de su progenitor para dirigirlo.
Kenzo, su padre era samurai enseñante,
curtido en mil batallas como general del imperio,
distinguido en mil medallas por el mismo emperador,
que hacían de Kenzo un gran Samurai del honor.
Había adquirido gran sabiduría con los años y estudios,
y con el arte de la espada no tenía rival,
no había en todo el imperio quien manejase su katana,
sólo el la podía desenvainar de su funda, era mágica,
nadie jamás la había visto en combate o duelo,
brillaba siempre como el jade verde con destellos dorados,
y el orgulloso la cuidaba como a un hijo preciado.


Sentados padre e hijo en la noche, con leños encendidos,
le impartía las lecciones que más le servirían en el futuro,
Fuerza, no en los músculos, sino en la cabeza,
en la voluntad del corazón para hacer el bien que se pueda.
Honor y generosidad, ayudando a conseguir a otras personas
lo que en vida necesitan, lo que su corazón les demanda.
Aprender a sembrar como el granjero de la hacienda,
buenas semillas,osea buenas acciones ,y cosecharas
bendiciones de tus ciudadanos, agradecimientos y sonrisas.
Matar la ambición desmedida, consiguiendo un trabajo
pobre pero digno que aleje el poder de tu egoísmo,
serás más poderoso, cuanto más humilde seas,
cuando cultives el amor y la benevolencia con los demás.
Y sobre todo, hijo mío, silencio, mucho silencio,
que cada palabra que salga de tu boca sea la adecuada
la que tu corazón dicta, tu alma debe ser intachada.



Padre e hijo se levantaron esa noche satisfechos,
tenían todo un largo camino por delante para charlar,
toda una vida para enseñar y aprender,
una vida para experimentar el tema más difícil de todos,
ensañar a querer.



De lujo Sergio!!!
de verdad no sabes
como admiro este tipo
de poemas, toda
una bella historia
-conmovedora- repartida
en unos versos... mis aplausos
y estrellas hermano un honor leerte :):)
 
Bello reflexionar tu poema mi querido amigo,pues el deber de los padres es guiar por el buen camino a nuestros hijos,conprensión y amor mutuo,me encantó ese final ,saludos.
 
Para Nikko hoy era un dia feliz,
cumplía sus doce años y esperaba un regalo especial,
la promesa de su padre de regalarle la katana,
un sencilla espada, pero con un don muy especial.
Era el símbolo que representaba el nombre de su casta,
dejando de ser un niño, se convertiría en su heredero,
sólo a base de esfuerzo y sacrificio lograría su cometido,
con la ayuda claro, de su progenitor para dirigirlo.


Kenzo, su padre era samurai enseñante,
curtido en mil batallas como general del imperio,
distinguido en mil medallas por el mismo emperador,
que hacían de Kenzo un gran Samurai del honor.
Había adquirido gran sabiduría con los años y estudios,
y con el arte de la espada no tenía rival,
no había en todo el imperio quien manejase su katana,
sólo el la podía desenvainar de su funda, era mágica,
nadie jamás la había visto en combate o duelo,
brillaba siempre como el jade verde con destellos dorados,
y el orgulloso la cuidaba como a un hijo preciado.


Sentados padre e hijo en la noche, con leños encendidos,
le impartía las lecciones que más le servirían en el futuro,
Fuerza, no en los músculos, sino en la cabeza,
en la voluntad del corazón para hacer el bien que se pueda.
Honor y generosidad, ayudando a conseguir a otras personas
lo que en vida necesitan, lo que su corazón les demanda.
Aprender a sembrar como el granjero de la hacienda,
buenas semillas,osea buenas acciones ,y cosecharas
bendiciones de tus ciudadanos, agradecimientos y sonrisas.


Matar la ambición desmedida, consiguiendo un trabajo
pobre pero digno que aleje el poder de tu egoísmo,
serás más poderoso, cuanto más humilde seas,
cuando cultives el amor y la benevolencia con los demás.
Y sobre todo, hijo mío, silencio, mucho silencio,
que cada palabra que salga de tu boca sea la adecuada
la que tu corazón dicta, tu alma debe ser intachada.



Padre e hijo se levantaron esa noche satisfechos,
tenían todo un largo camino por delante para charlar,
toda una vida para enseñar y aprender,
una vida para experimentar el tema más difícil de todos,
enseñar y aprender a querer.



WOWWWWWW.....Qué bonito final......Qué bonito principio......Qué bonita
toda......Sergio me encantó, así deberían hablar los padres a los hijos.....
así deberían escuchar los hijos a los padres......maravillosa, te dejo amigo
mis lucecitas doradas para tí, sigue brillando........Luz
 
Para Nikko hoy era un dia feliz,
cumplía sus doce años y esperaba un regalo especial,
la promesa de su padre de regalarle la katana,
un sencilla espada, pero con un don muy especial.
Era el símbolo que representaba el nombre de su casta,
dejando de ser un niño, se convertiría en su heredero,
sólo a base de esfuerzo y sacrificio lograría su cometido,
con la ayuda claro, de su progenitor para dirigirlo.


Kenzo, su padre era samurai enseñante,
curtido en mil batallas como general del imperio,
distinguido en mil medallas por el mismo emperador,
que hacían de Kenzo un gran Samurai del honor.
Había adquirido gran sabiduría con los años y estudios,
y con el arte de la espada no tenía rival,
no había en todo el imperio quien manejase su katana,
sólo el la podía desenvainar de su funda, era mágica,
nadie jamás la había visto en combate o duelo,
brillaba siempre como el jade verde con destellos dorados,
y el orgulloso la cuidaba como a un hijo preciado.


Sentados padre e hijo en la noche, con leños encendidos,
le impartía las lecciones que más le servirían en el futuro,
Fuerza, no en los músculos, sino en la cabeza,
en la voluntad del corazón para hacer el bien que se pueda.
Honor y generosidad, ayudando a conseguir a otras personas
lo que en vida necesitan, lo que su corazón les demanda.
Aprender a sembrar como el granjero de la hacienda,
buenas semillas,osea buenas acciones ,y cosecharas
bendiciones de tus ciudadanos, agradecimientos y sonrisas.


Matar la ambición desmedida, consiguiendo un trabajo
pobre pero digno que aleje el poder de tu egoísmo,
serás más poderoso, cuanto más humilde seas,
cuando cultives el amor y la benevolencia con los demás.
Y sobre todo, hijo mío, silencio, mucho silencio,
que cada palabra que salga de tu boca sea la adecuada
la que tu corazón dicta, tu alma debe ser intachada.



Padre e hijo se levantaron esa noche satisfechos,
tenían todo un largo camino por delante para charlar,
toda una vida para enseñar y aprender,
una vida para experimentar el tema más difícil de todos,
enseñar y aprender a querer.




Una bonita historia has escrito en este poema .
Estrellas y un beso .
 
hola, emu!!! como ya te lo mencionaron fue una agradable historia, creo que me atrapo y pude casi estar ahi presenciando la charla padre e hijo...
muy buenos versos...
besos :)
 
WOWWWWWW.....Qué bonito final......Qué bonito principio......Qué bonita
toda......Sergio me encantó, así deberían hablar los padres a los hijos.....
así deberían escuchar los hijos a los padres......maravillosa, te dejo amigo
mis lucecitas doradas para tí, sigue brillando........Luz




Gracias hermanita por tus comentarios
un beso tronado
 
Me encantan los cuentos Sergio y veo tu gran corazón en este bonito cuento que gratamente compartes con nosotros. Además de que te quedó precioso nos das lecciones de vida en tu afable cuento.
Muy plácido en su lectura te dejo mis estrellas y mis grandes y sinceros abrazos.



Gracias Bautista por tu visita
muy agradecido
abrazos compañero
 

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