Viento de américa
Poeta adicto al portal
Aquí, en terapia intensiva,
con la fecha de caducidad a punto de vencer,
el dolor en tan poco tiempo acumulado
que antibióticos ni calmantes alivian
y el lastre de cincuenta años
que no ayuda en nada...
me encuentro postrado
¡Niña de todas mis urgencias
debiste llevarte mi cerebro
en lugar del corazón!
¡Cómo duele esta enfermedad llamada soledad!
Inexorable va carcomiendo el cuerpo,
lo va tirando a pedazos
mas el dolor no termina.
¡Niña de todas mis urgencias
debiste llevarte mi cerebro
en lugar del corazón!
Dicen que el dolor se va con el olvido.
No hay sustento para tal afirmación:
ya perdí las piernas hace unas semanas
y recuerdo las calles que nos siguen esperando;
hace unos días fueron las manos
y sigo extrañando el temblor de tus pechos ingrávidos;
el miércoles fue la lengua
y persiste el sabor de azúcar perfumada de tu boca;
hoy mis ojos de ciego
sólo miran tu rostro de niña frágil.
¡Niña de todas mis urgencias
debiste llevarte mi cerebro
en lugar del corazón!
¿Que cómo me siento?
Como si el corazón fuera un enorme rompecabezas
al que le faltan piezas y se quedó
sin terminar de armar.
¿Entonces qué?
¡Niña de todas mis urgencias
debiste llevarte mi cerebro
en lugar del corazón!
con la fecha de caducidad a punto de vencer,
el dolor en tan poco tiempo acumulado
que antibióticos ni calmantes alivian
y el lastre de cincuenta años
que no ayuda en nada...
me encuentro postrado
¡Niña de todas mis urgencias
debiste llevarte mi cerebro
en lugar del corazón!
¡Cómo duele esta enfermedad llamada soledad!
Inexorable va carcomiendo el cuerpo,
lo va tirando a pedazos
mas el dolor no termina.
¡Niña de todas mis urgencias
debiste llevarte mi cerebro
en lugar del corazón!
Dicen que el dolor se va con el olvido.
No hay sustento para tal afirmación:
ya perdí las piernas hace unas semanas
y recuerdo las calles que nos siguen esperando;
hace unos días fueron las manos
y sigo extrañando el temblor de tus pechos ingrávidos;
el miércoles fue la lengua
y persiste el sabor de azúcar perfumada de tu boca;
hoy mis ojos de ciego
sólo miran tu rostro de niña frágil.
¡Niña de todas mis urgencias
debiste llevarte mi cerebro
en lugar del corazón!
¿Que cómo me siento?
Como si el corazón fuera un enorme rompecabezas
al que le faltan piezas y se quedó
sin terminar de armar.
¿Entonces qué?
¡Niña de todas mis urgencias
debiste llevarte mi cerebro
en lugar del corazón!