eduardocarpio
Poeta adicto al portal
NINGÚN ATREVIMIENTO ES FATAL
Qué tanto se ocultaba en tan altos renglones,
qué tanto se decía, por qué esta cobardía
en medio de la niebla siempre confusa y fría,
rasando las palabras, alzando sus bastones.
Si alguna vez escribo, tenue y ¿vagamente?,
infringiré con rabia esta topología
informe y fatua, rota, hilván de la afonía,
tan dulce, tan normal, tan miserablemente.
No quiero inundaciones de lágrimas postizas,
los hechos se demuestran sembrando la respuesta
y en prosa cristalina sería manifiesta
que por razones obvias revuelvo yo cenizas.
Apriscos escarpados, la nieve por las olas,
las cruces del infierno más que nunca en las cimas,
helados los afectos ¡cómo duelen las rimas!
por eso compañeros, mis rosas y amapolas.
Por no decir no digo, donde hoy me aspaviento;
allí las escolleras amparan alguaciles,
ocultando sus carnes, blanqueando marfiles
donde paira la nave y mi estremecimiento.
Y veo florituras bebiendo en la cantina,
la historia al otro lado me sostiene con pena,
me abraza por costumbre, me arrebuja serena,
es parte de mi sueño dormido en su cocina.
Así no quiero estar entre arrecifes planos
que brillan y simulan con rímel sus pestañas;
he de ir a la playa para matar patrañas
de tantos días grises y noches sin tus manos.
Hoy guardo la mejilla
tampoco me apetece.
Y vieras cómo crece
esta necia polilla
que toma por madera
la piel de enredadera.
eduardocarpio
25 de febrero de 2013
Qué tanto se ocultaba en tan altos renglones,
qué tanto se decía, por qué esta cobardía
en medio de la niebla siempre confusa y fría,
rasando las palabras, alzando sus bastones.
Si alguna vez escribo, tenue y ¿vagamente?,
infringiré con rabia esta topología
informe y fatua, rota, hilván de la afonía,
tan dulce, tan normal, tan miserablemente.
No quiero inundaciones de lágrimas postizas,
los hechos se demuestran sembrando la respuesta
y en prosa cristalina sería manifiesta
que por razones obvias revuelvo yo cenizas.
Apriscos escarpados, la nieve por las olas,
las cruces del infierno más que nunca en las cimas,
helados los afectos ¡cómo duelen las rimas!
por eso compañeros, mis rosas y amapolas.
Por no decir no digo, donde hoy me aspaviento;
allí las escolleras amparan alguaciles,
ocultando sus carnes, blanqueando marfiles
donde paira la nave y mi estremecimiento.
Y veo florituras bebiendo en la cantina,
la historia al otro lado me sostiene con pena,
me abraza por costumbre, me arrebuja serena,
es parte de mi sueño dormido en su cocina.
Así no quiero estar entre arrecifes planos
que brillan y simulan con rímel sus pestañas;
he de ir a la playa para matar patrañas
de tantos días grises y noches sin tus manos.
Hoy guardo la mejilla
tampoco me apetece.
Y vieras cómo crece
esta necia polilla
que toma por madera
la piel de enredadera.
eduardocarpio
25 de febrero de 2013
PS A dos amigos, Jorge y Elhi, por vuestra amistad, compartida, sin duda. Quiso una tormenta, aquella de la Commedia, luego divina, ser diluvio y sin aviso y sin Arca de Noé, fue. A quien por causa demandó estas trivialidades, recordarle que" Ningún atrevimiento es fatal " del poeta René Crevel. El mío, acaso, estupor humano. Buenos días y hasta siempre, pero no igual.