Raúl Carreras
Poeta recién llegado
Qué lúgubre lugar, ‘ninguna parte’,
donde allí ya nadie espera,
donde acudo cada noche
a dejarme la decencia que me queda.
A entregar mis sentimientos,
a enterrar esas quimeras
que forjaba idealizando una imagen
en mi alma y mi cabeza.
Ya no hay besos ni caricias,
ni delirio apasionado en esa escena,
sólo quedan los vacíos del silencio
o el clamor de frases huecas.
Mal lugar, ‘ninguna parte’,
donde hoy fuiste sincera
desgarrando con tus uñas la ilusión
y clavando un puñal a esta entelequia.
Ni una lágrima rocía a este desierto,
a este páramo de penas
que antaño fue el edén
del deleite y la ceguera.
Y hoy es el amargo desengaño
que abandona las querencias,
lastimando el corazón
con esquirlas de nostalgias y de ausencias.
donde allí ya nadie espera,
donde acudo cada noche
a dejarme la decencia que me queda.
A entregar mis sentimientos,
a enterrar esas quimeras
que forjaba idealizando una imagen
en mi alma y mi cabeza.
Ya no hay besos ni caricias,
ni delirio apasionado en esa escena,
sólo quedan los vacíos del silencio
o el clamor de frases huecas.
Mal lugar, ‘ninguna parte’,
donde hoy fuiste sincera
desgarrando con tus uñas la ilusión
y clavando un puñal a esta entelequia.
Ni una lágrima rocía a este desierto,
a este páramo de penas
que antaño fue el edén
del deleite y la ceguera.
Y hoy es el amargo desengaño
que abandona las querencias,
lastimando el corazón
con esquirlas de nostalgias y de ausencias.