El niño herido camina por los charcos,
solo juega con la luna reflejada.
Sus días en el agua, se van, cual tristes barcos
nadie le inventa un sol, una sonrisa, un sueño, nada.
Quizás el niño herido, un día se despierte
y en su última sonrisa, ya, desesperada
se encuentre hecho hombre, jugando con la muerte.
Tal vez todos lloremos, mas nadie...haya hecho nada.
Marino Fabianesi
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