Niño

Marla

Poeta fiel al portal
No te enojes conmigo,
niño mío.

Acércate,
observa:
sé que sabes encontrar
alondras
a través del silencio.
Tu mirada es una mariposa vencida
por los vientos del este,
que revolotea de flor en flor
de sueño en sueño,
de ceniza en ceniza
doliéndose, buscándose...

No te enojes conmigo
cuando a mi corazón le salpique el barro
de la ira,
ya no existen cirujanos que repongan latidos
cuando han llovido tantos lunes cenicientos
sobre su cuna roja.

Sabes también que al final de mis tejidos muertos
sobreviven elásticas fibras de ternura,
y hay una capa densa de solsticios
donde anidan pájaros de infancia.

No te enojes conmigo.
Tendería un puente con mi lengua
hasta el cielo
para ti,
pero has de saber
que no existen arcángeles
en el estrato profundo de las contracciones;
es una patria turbulenta y mutable
y desestructura la pureza.

Mira, niño,
mis manos seguirán volando contigo,
si las dejas.
Incendiaremos juntos
los infiernos que nos pueblan de tarde en tarde
el cerebro y la sangre,
limpiaremos la escarcha del camino,
perforaremos rocas con el taladro vivo del Poema.

Dame la mano de tu palabra
y yo iré quitando uno a uno
con mi voz los cristales
que hieran
la primavera de tus pasos.







 
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