Agustín Sánchez
Poeta asiduo al portal
¡NO CIERRES LA VENTANA!
Silva marinera
¡Por la Virgen del Carmen, no la cierres!
no cierres la ventana
que apenas llegan hasta mis oídos
lo que las olas en la orilla cantan.
Sabes que ya no puedo
como cuando era joven escucharlas
y sus voces de espuma
estoy echando en falta,
lo mismo que la brisa de poniente
que cuando navegaba
preñaba con sus ráfagas azules
las velas de mi barca.
El mar, mi viejo amigo traicionero
su reto me lanzaba sin palabras
cuando la aguda proa
violando los perfiles de sus aguas
heridas producía en sus secretos,
heridas que sangraban
dejando cicatrices
que atrás rizaban móviles y blancas
un rastro de espirales y burbujas
en una estela larga
No has de poder conmigo le decía-
mi barco vencerá tus viejas mañas
Y el mar me respondía golpeando
la borda con más saña
barriendo la cubierta,
mojándome la cara
cuando llegaba al punto deseado
y le arrojaba el ancla.
Después horas sin sueño
horas largas, muy largas.
Un cielo de gaviotas
graznaba con sus voces destempladas
mientras tupidas redes conseguían
cosecha plateada,
sustento de los míos que en el pueblo
inquietos aguardaban.
Adiós, viejo gruñón - me despedía
la pesca ya lograda-
Adiós -me contestaban sus embates-
Adiós, hasta mañana
Y yo con sal y brea entre los labios
la vela desplegada
tomaba rumbo, llena la bodega
ansiando ver mi casa.
Mas eso terminó, los muchos años
igual que una galerna, todo arrasan.
Dejé de navegar, fueron mis hijos
los que dieron la cara,
las redes y las velas manejando
y del timón la caña.
Y ahora, en un rincón, roto y sin fuerzas
miro el tiempo que pasa
sin luz, sin ilusión, de trasto inútil,
contando las jornadas que me faltan
hasta que en negra nave
me enrole al fin la parca
Por eso te repito
mi ruego al despertar por las mañanas.
¡Por la Virgen del Carmen, no la cierres!,
no cierres la ventana
que apenas llegan hasta mis oídos
las olas que me llaman...
AGUSTÍN
Silva marinera
¡Por la Virgen del Carmen, no la cierres!
no cierres la ventana
que apenas llegan hasta mis oídos
lo que las olas en la orilla cantan.
Sabes que ya no puedo
como cuando era joven escucharlas
y sus voces de espuma
estoy echando en falta,
lo mismo que la brisa de poniente
que cuando navegaba
preñaba con sus ráfagas azules
las velas de mi barca.
El mar, mi viejo amigo traicionero
su reto me lanzaba sin palabras
cuando la aguda proa
violando los perfiles de sus aguas
heridas producía en sus secretos,
heridas que sangraban
dejando cicatrices
que atrás rizaban móviles y blancas
un rastro de espirales y burbujas
en una estela larga
No has de poder conmigo le decía-
mi barco vencerá tus viejas mañas
Y el mar me respondía golpeando
la borda con más saña
barriendo la cubierta,
mojándome la cara
cuando llegaba al punto deseado
y le arrojaba el ancla.
Después horas sin sueño
horas largas, muy largas.
Un cielo de gaviotas
graznaba con sus voces destempladas
mientras tupidas redes conseguían
cosecha plateada,
sustento de los míos que en el pueblo
inquietos aguardaban.
Adiós, viejo gruñón - me despedía
la pesca ya lograda-
Adiós -me contestaban sus embates-
Adiós, hasta mañana
Y yo con sal y brea entre los labios
la vela desplegada
tomaba rumbo, llena la bodega
ansiando ver mi casa.
Mas eso terminó, los muchos años
igual que una galerna, todo arrasan.
Dejé de navegar, fueron mis hijos
los que dieron la cara,
las redes y las velas manejando
y del timón la caña.
Y ahora, en un rincón, roto y sin fuerzas
miro el tiempo que pasa
sin luz, sin ilusión, de trasto inútil,
contando las jornadas que me faltan
hasta que en negra nave
me enrole al fin la parca
Por eso te repito
mi ruego al despertar por las mañanas.
¡Por la Virgen del Carmen, no la cierres!,
no cierres la ventana
que apenas llegan hasta mis oídos
las olas que me llaman...
AGUSTÍN
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