poetamaldita
Poeta recién llegado
I
Duerme bajo el Sol cada mañana una bestia encadenada con cuerdas trazadas por el recorrido de dedos descarados
Y se cierran estos pozos de cuevas iracundas al acaecer los delirios de tus miradas
Del reino de los ensueños cae por el precipicio decadente el pensamiento demente
Piedra acuñada en surcos de manos tras otra, se suspiran los días que apuñalan los segundos que huyen
Sea por muerte, amor o ira, los jirones hurgarán en los recovecos que se abriesen cuajados finamente por pasiones hirientes
Se cava profundo el mar, arraiga profundo el dolor, desangra profuso el amor y corren las lágrimas al viento
Vaivén de flores estridentes, color de sangre ferviente
Dudas que encuentran refugio en corazones de niños, hojas que cubren el suelo con memorias hirientes
Danzas que irrumpen en magníficos salones, cantos que derriban murallas
Suaves roces, crepitantes miradas,
Que colisionan no en una explosión,
sino
con
un
beso.
II
Si se desangrasen ríos en la cuenca de estas orbes vastas e imperecederas
En las alturas se oiría un lamento que penetraría el alma somnolienta, aguardando el destino azaroso con palmas abiertas
Corren por el valle de astros centenarias constelaciones, imágenes que ofrecen alivio en el firmamento de la agonía
Entre la firme línea de la costilla y la costa del mar tempestuoso se ocultan las letras grabadas en flamas
Ahí nace el nudo ahuecado por el agua que resbala en borbotones de mi alma desnuda cuando el tacto de las estrellas navega hacia las galaxias
Cae de la tierra el cuerpo agujereado, golpeado, frío y olvidado
Para unirse a la dulce marea que mecen los susurros de antaño sobre los sortilegios del mar de los delirios.
Mítica paradoja de doble hoja, espada sin mango, cuero holgado
Cuaderno de lomo cálido, pluma de tinta de sentimientos ingenuos
Jeroglíficos de ocasos derrumbándose ante el avance de un latido
Catarsis del alma, ilusión de crueldad que gira en el infinito
Que colisiona no con un beso,
sino
con
un
adiós.
Duerme bajo el Sol cada mañana una bestia encadenada con cuerdas trazadas por el recorrido de dedos descarados
Y se cierran estos pozos de cuevas iracundas al acaecer los delirios de tus miradas
Del reino de los ensueños cae por el precipicio decadente el pensamiento demente
Piedra acuñada en surcos de manos tras otra, se suspiran los días que apuñalan los segundos que huyen
Sea por muerte, amor o ira, los jirones hurgarán en los recovecos que se abriesen cuajados finamente por pasiones hirientes
Se cava profundo el mar, arraiga profundo el dolor, desangra profuso el amor y corren las lágrimas al viento
Vaivén de flores estridentes, color de sangre ferviente
Dudas que encuentran refugio en corazones de niños, hojas que cubren el suelo con memorias hirientes
Danzas que irrumpen en magníficos salones, cantos que derriban murallas
Suaves roces, crepitantes miradas,
Que colisionan no en una explosión,
sino
con
un
beso.
II
Si se desangrasen ríos en la cuenca de estas orbes vastas e imperecederas
En las alturas se oiría un lamento que penetraría el alma somnolienta, aguardando el destino azaroso con palmas abiertas
Corren por el valle de astros centenarias constelaciones, imágenes que ofrecen alivio en el firmamento de la agonía
Entre la firme línea de la costilla y la costa del mar tempestuoso se ocultan las letras grabadas en flamas
Ahí nace el nudo ahuecado por el agua que resbala en borbotones de mi alma desnuda cuando el tacto de las estrellas navega hacia las galaxias
Cae de la tierra el cuerpo agujereado, golpeado, frío y olvidado
Para unirse a la dulce marea que mecen los susurros de antaño sobre los sortilegios del mar de los delirios.
Mítica paradoja de doble hoja, espada sin mango, cuero holgado
Cuaderno de lomo cálido, pluma de tinta de sentimientos ingenuos
Jeroglíficos de ocasos derrumbándose ante el avance de un latido
Catarsis del alma, ilusión de crueldad que gira en el infinito
Que colisiona no con un beso,
sino
con
un
adiós.
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