Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
No de la verdad
La verdad, así, sin más, es el hecho consumado. Pero cada verdad tiene sus historias; lo que uno recuerda, lo que el otro platica, la sal y la miel de los momentos, lo que se ha olvidado, lo que nunca pudo suceder y es tan bello.
Tal vez sea que en la vida uno termine contando el hecho entre comilla y el otro lo haga en carne viva, y por ello a uno se le pase como agua de uso, y al otro se le atore tanto en la garganta que ni el pan con mermelada le endulce el trago amargo.
Sin embargo, sólo tu falta de memoria podrá borrar el viaje de mi cuerpo a la alfombra mientras mi promesa de amarte se asía a la mar de tu mirada, y el peregrinar de mis labios en el valle de tu piel que comenzó en tus pies y se acentuó en tus tres lunares de lucero. Ni tú ni tus rincones ni la y griega de tu cuerpo podrían negar que mi paso por tu piel comenzó sólo después de convertirme en adorador de tu palabra, de tu alma.
Lo mío en ti, mirada de aceituna, fue como el bautismo; un poco de agua, sí, suficiente para toda la sed posible.
Ahora, piel de luna, sé que eres el parteaguas de mi vida, pues antes de ti era un hombre serio y seco, ayer a tu lado sólo un hombre, hoy sin ti y con todos tus recuerdos; un hombre vivo.
Y entonces recuerdo con nostalgia tu partida, en ocasiones con una sonrisa mis lamentos la herida y el vinagre y los desvelos, el dolor intenso en la parte izquierda de mis rezos con nuevas oraciones que termina de nuevo con tu nombre, y los versos que escribí en tu piel de lienzo y que murieron de burbujas de jabón y ducha los recuerdo con la esperanza de una resurrección de nuevo en tu espalda, y …, me está ocurriendo que el tiempo me esta sanando de tu ausencia, no de la verdad.
Gayo 25.11.11 en una tarde en la que sé que no habrá luna por la noche y que sin remedio la extrañaré a rabiar.
.
Última edición: