No era ella, era yo

nelson majerczyk

Poeta adicto al portal
Cuando nos despedimos sentí que ya me lo había dado todo.
Me escuchaba como si fuera un profeta de una nueva locura
de la perfección, de la sabiduría más revelada, arrobada por quién
sabe que dolor, sus manos sudaban entrelazadas a las mías, mientras
afiebrado por mis divagues volábamos en la alfombra mágica de nuestro
"amor", nunca gozó un orgasmo, nunca la tuve, nunca pude.
Y ahí estaba ferviente, como una nueva conversa.
Una monja laica, yo su profeta, la acompañé en su soledad, en su acabamiento.
Hasta que cerré su puerta y la mía, comprendí entonces que solo me escuché a mí mismo,
alcé mi propio altar con una feligresa ardiente, al fin del cuento, desde la loma, envuelto en mi nada,
la perdí, nos perdimos en la extinción del mañana.
 
Última edición:
Cuando nos despedimos sentí que ya me lo había dado todo.
Me escuchaba como si fuera un profeta de una nueva locura
de la perfección, de la sabiduría más revelada, arrobada por quién
sabe que dolor, sus manos sudaban entrelazadas a las mías, mientras
afiebrado por mis divagues volábamos en la alfombra mágica de nuestro
"amor", nunca gozó un orgasmo, nunca la tuve, nunca pude.
Y ahí estaba ferviente, como una nueva conversa.
Una monja laica, yo su profeta, la acompañé en su soledad, en su acabamiento.
Hasta que cerré su puerta y la mía, comprendí entonces que solo me escuché a mí mismo,
alcé mi propio altar con una feligresa ardiente, al fin del cuento, desde la loma, envuelto en mi nada,
la perdí, nos perdimos en la extinción del mañana.
Siempre es bueno e interesante leerte, querido Nelson.
Abrazo grande.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba