Nii siquiera eres consciente de lo increíble que eres. De lo que eres capaz de provocar simplemente con el vaivén de tus caderas y el reflejo impetuoso de tu culo a través de ese pantaloncito corto que se clava en mis pupilas.
No lo eres, porque cuando te giras para mirar mi cara anhelada y excitada, simplemente expones un gesto de extrañeza inocente, como si realmente no tuvieras esa visión de ti, como si fueras la única persona en el universo que no pararía esas calles, que no pondría en rojo todos los semáforos de la ciudad por los que pasaras, y se ausentara de esos paseos y conversaciones por las calles de Madrid para mirarte y beberte detenidamente, pensando en la suerte que tendría quien por tu cuerpo se balanceara pudiendo hincar cada diente en tu cuello, cada dedo en tus senos, su suerte en la tuya.
Pero esta bien que no lo sepas, porque es divertido observar como sin darte cuenta, instalada en tu burbuja, evitas una oleada de miradas, y me permites amarte por los dos.
No lo eres, porque cuando te giras para mirar mi cara anhelada y excitada, simplemente expones un gesto de extrañeza inocente, como si realmente no tuvieras esa visión de ti, como si fueras la única persona en el universo que no pararía esas calles, que no pondría en rojo todos los semáforos de la ciudad por los que pasaras, y se ausentara de esos paseos y conversaciones por las calles de Madrid para mirarte y beberte detenidamente, pensando en la suerte que tendría quien por tu cuerpo se balanceara pudiendo hincar cada diente en tu cuello, cada dedo en tus senos, su suerte en la tuya.
Pero esta bien que no lo sepas, porque es divertido observar como sin darte cuenta, instalada en tu burbuja, evitas una oleada de miradas, y me permites amarte por los dos.
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