Antonio Javier Fuentes So
Poeta que considera el portal su segunda casa
No, no son las farolas
espíritus de árboles disecados.
No es el asfalto un río
de cartón piedra
Ni la acera la húmeda orilla.
La ciudad es cemento y neón,
basura, ruido.
No insistas en buscar el campo
en ese parque cercano,
los árboles que lo habitan
malviven de alquiler
en suelo ajeno
Allí no juega con sus hojas
la brisa fresca,
no hay riachuelos,
solo agua derramada
por la nube enferma.
Lo que buscas
no se halla en el campo inventado.
Tú viniste de un pueblo
y no eres pueblo,
no eres patio andaluz,
ni pared encalada,
no eres niño en la calle.
Mientras no desandes
el camino
seguirás siendo ciudad
a tu manera,
pero serás ciudad
al fin y al cabo.
No conoces a nadie,
nadie te echa de menos
cuando pierdes la fe
y buscas hibernando
sus pisadas.
No eres más que
un conurbano anónimo
cabizbajo y huidizo.
Tu felicidad no viaja en metro.
espíritus de árboles disecados.
No es el asfalto un río
de cartón piedra
Ni la acera la húmeda orilla.
La ciudad es cemento y neón,
basura, ruido.
No insistas en buscar el campo
en ese parque cercano,
los árboles que lo habitan
malviven de alquiler
en suelo ajeno
Allí no juega con sus hojas
la brisa fresca,
no hay riachuelos,
solo agua derramada
por la nube enferma.
Lo que buscas
no se halla en el campo inventado.
Tú viniste de un pueblo
y no eres pueblo,
no eres patio andaluz,
ni pared encalada,
no eres niño en la calle.
Mientras no desandes
el camino
seguirás siendo ciudad
a tu manera,
pero serás ciudad
al fin y al cabo.
No conoces a nadie,
nadie te echa de menos
cuando pierdes la fe
y buscas hibernando
sus pisadas.
No eres más que
un conurbano anónimo
cabizbajo y huidizo.
Tu felicidad no viaja en metro.