Vekolkof
Poeta recién llegado
I.
Uno está en esta costa tan maravillosa
Donde las borrascas son trompetas
Donde el bochorno parece placer
Y hay rusitas flauteras en la orilla.
Sé que me espera un horror conmovedor esta tarde,
Y sé, también, que quizás parezca estar solo;
Pero sé cómo llamarte
Aunque estés lejos
Aunque no estés
Aunque ya no te des vuelta hasta tu muerte,
Es estallando desconsolado
Escribiéndote aunque en arena.
II.
Hay demoncillos que hacen gresca hoy,
El día en que cerraron todos los burdeles
Y porque son buenos tiempos
Salen hechos locura indecible
Masticando como plástico la gente
Maldiciendo a hijos beatos sin dios
Y son púrpuras si vuelven cuando todo comenzó.
Los violines los alejan
Les despedazan los placeres
Y su último furor,
Así han sido todos estos últimos años.
Ellos vuelven como si iniciaran
Masticando como plástico la gente
Maldiciendo a estos hijos sin dios que llorar
Y siguen conectados al momento en que todo comenzó.
Toca el piano querida, que ellos tienen que morir
No como nosotros, ellos saben bien qué son.
III.
La rocola me deja un ochentero, como si la píldora dudara
En si me hizo efecto inmediato;
Los órganos de colores son hermosos
¿Ya te lo dije alguna vez?
Salgo de la centella de la costa
Para matarme de amor en tierra caliente,
Suspirar nombres y fechas sin sentido
Justo cuando la tarde se quemó
En corazones rotos y jamás recordables,
Un espectáculo de hadas artificiales
Y cuando todo se decidió
La cítara hizo su valet con el arpa estaña
Porque están rotas
Todas mis letras.
IV.
Vamos, toma tu pianola querida,
Que se desgarra el espacio y ya te llevo a ti,
Que el bochorno se volvió parrilla de Hades
Y el jazz se volvió triunfal antes de tomarnos las manos.
Al carajo todo, sé mi primer,
Y último amor, si no de mi existencia
Si de estos instantes, que se me van
Y quiero que tú los atrapes;
Que los violines te moldean si están tristes,
Y te toman de acuarela si deciden bailar.
Uno está en esta costa tan maravillosa
Donde las borrascas son trompetas
Donde el bochorno parece placer
Y hay rusitas flauteras en la orilla.
Sé que me espera un horror conmovedor esta tarde,
Y sé, también, que quizás parezca estar solo;
Pero sé cómo llamarte
Aunque estés lejos
Aunque no estés
Aunque ya no te des vuelta hasta tu muerte,
Es estallando desconsolado
Escribiéndote aunque en arena.
II.
Hay demoncillos que hacen gresca hoy,
El día en que cerraron todos los burdeles
Y porque son buenos tiempos
Salen hechos locura indecible
Masticando como plástico la gente
Maldiciendo a hijos beatos sin dios
Y son púrpuras si vuelven cuando todo comenzó.
Los violines los alejan
Les despedazan los placeres
Y su último furor,
Así han sido todos estos últimos años.
Ellos vuelven como si iniciaran
Masticando como plástico la gente
Maldiciendo a estos hijos sin dios que llorar
Y siguen conectados al momento en que todo comenzó.
Toca el piano querida, que ellos tienen que morir
No como nosotros, ellos saben bien qué son.
III.
La rocola me deja un ochentero, como si la píldora dudara
En si me hizo efecto inmediato;
Los órganos de colores son hermosos
¿Ya te lo dije alguna vez?
Salgo de la centella de la costa
Para matarme de amor en tierra caliente,
Suspirar nombres y fechas sin sentido
Justo cuando la tarde se quemó
En corazones rotos y jamás recordables,
Un espectáculo de hadas artificiales
Y cuando todo se decidió
La cítara hizo su valet con el arpa estaña
Porque están rotas
Todas mis letras.
IV.
Vamos, toma tu pianola querida,
Que se desgarra el espacio y ya te llevo a ti,
Que el bochorno se volvió parrilla de Hades
Y el jazz se volvió triunfal antes de tomarnos las manos.
Al carajo todo, sé mi primer,
Y último amor, si no de mi existencia
Si de estos instantes, que se me van
Y quiero que tú los atrapes;
Que los violines te moldean si están tristes,
Y te toman de acuarela si deciden bailar.
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