NO HAY FLORES EN MI ÁTICO
La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso. De Miguel de Cervantes Saavedra.
En mi ático secreto
no hay enredaderas,
ni blancos parasoles,
ni vistas a la ciudad.
En mi ático secreto
no hay farolillos de noche
ni cojines ni balancines
para el sosiego del alma.
Tampoco verdes trepadoras
ni sofás ni barandas.
En mi ático secreto
no hay fuentes de buen vino,
ni flores para profundas macetas.
Tampoco pájaros al viento,
ni ilustres invitados a cenar.
En mi ático secreto sólo hay
grietas y viejas goteras,
que corretean como miserias
de muñecas despeinadas
jugando a ser dos amantes
en un simple menage a trois.
La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso. De Miguel de Cervantes Saavedra.
En mi ático secreto
no hay enredaderas,
ni blancos parasoles,
ni vistas a la ciudad.
En mi ático secreto
no hay farolillos de noche
ni cojines ni balancines
para el sosiego del alma.
Tampoco verdes trepadoras
ni sofás ni barandas.
En mi ático secreto
no hay fuentes de buen vino,
ni flores para profundas macetas.
Tampoco pájaros al viento,
ni ilustres invitados a cenar.
En mi ático secreto sólo hay
grietas y viejas goteras,
que corretean como miserias
de muñecas despeinadas
jugando a ser dos amantes
en un simple menage a trois.