No he cambiado amor soy ese mismo, el mismo que se manifiesta en rimas y en arrullos, alternando entre el aullido y la apariencia, entre el instinto y la razón, entre el primitivismo y el discernimiento, el mismo que conspira con tu nombre y con la noche para escribir, para describir un alma y un poema, ese que te siente en el vértigo y en la ferocidad y que anestesiado por lo tuyo te espera atado a su universo para alimentar un sueño, para descifrar el lenguaje de las aves, para descubrir el transfondo de un deseo y la pluralidad siempre latente de las cosas y de los besos.
No he cambiado porque mas allá del pensamiento no existe otro principio, otra manera significativa de sentirme humano, primordial en mis motivos, no he cambiado porque sigo cosido a tu cariño, a ese no escapar jamás de tu recuerdo, de tu risa, de esa conmoción de tu mirada donde la vida se hace puerta y se hace salmo, donde todo tiende a la ternura y a la verdad evidente de una revelación que salta de un delirio, como una culminación o como un grito.
Ni voy a cambiar esta orientación, esta disposición a tu paisaje, a tu luna, a ese interior donde hay, donde existe una dimensión de auroras que provoca, agita y atropella una necesidad de mi lobo (siempre loco y siempre hambriento) por esa magia concluyente de tu boca.
Porque en ti está el origen y el génesis de mis musas, de mis pasos, el índice a mi suceso y la orientación a un horizonte feliz y a la esperanza.
No voy a cambiar porque al amarte rompo con la noche abstracta, encuentro una facultad, un cenit para soltar palomas y emociones y porque se que después, luego sin ti se derrumbaría la conciencia, el entusiasmo para evolucionar hacia la luz, para tener la fe como un refugio y la alegría como una efervescencia de la mente y del espíritu.
No voy a cambiar porque en ti está mi realidad amor y está el milagro.
Reimundo.
No he cambiado porque mas allá del pensamiento no existe otro principio, otra manera significativa de sentirme humano, primordial en mis motivos, no he cambiado porque sigo cosido a tu cariño, a ese no escapar jamás de tu recuerdo, de tu risa, de esa conmoción de tu mirada donde la vida se hace puerta y se hace salmo, donde todo tiende a la ternura y a la verdad evidente de una revelación que salta de un delirio, como una culminación o como un grito.
Ni voy a cambiar esta orientación, esta disposición a tu paisaje, a tu luna, a ese interior donde hay, donde existe una dimensión de auroras que provoca, agita y atropella una necesidad de mi lobo (siempre loco y siempre hambriento) por esa magia concluyente de tu boca.
Porque en ti está el origen y el génesis de mis musas, de mis pasos, el índice a mi suceso y la orientación a un horizonte feliz y a la esperanza.
No voy a cambiar porque al amarte rompo con la noche abstracta, encuentro una facultad, un cenit para soltar palomas y emociones y porque se que después, luego sin ti se derrumbaría la conciencia, el entusiasmo para evolucionar hacia la luz, para tener la fe como un refugio y la alegría como una efervescencia de la mente y del espíritu.
No voy a cambiar porque en ti está mi realidad amor y está el milagro.
Reimundo.