Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
de donde venga; si de la alborada fresca
que despierta su modorra en las tejavanas
con los últimos maullidos de las gatas
o del silencio triste de quién no encuentra
luna para aullarle y reventarse la garganta,
si regreso, acaso, del medio día de un domingo
con sus frustraciones, con sus planes,
con sus cantos, con sus hambres,
o de las buenas tardes cómo están todos en casa,
no importa si vengo o regreso -que es lo mismo-
del odiarte tiernamente con todo el corazón
y desear que te enamores a rabiar hasta que pierdas
en la almohada las lágrimas de todos los mares,
la conciencia y luego y sin mirar atrás nada te digan
y sin piedad te abandonen,
o de rezarte y botar la servilleta en donde
te escribo el poema donde caben todos
los versos, besos y luceros,
lo mismo da de donde venga, de un camino
de ida que otro de regreso, lo mismo da el olor
de las fragancias mezcladas con el aromas
de los cuerpos que el aroma de los cuerpos
que no huelen a nada,
no importa si es en un autobús de vuelta
en donde no cabe ni un alma y siguen abordando
cuerpos, gentes y seres que nunca supieron
que tenían alas,
no importa en dónde esté o en dónde me difume,
si me escondo entre las palmas de mis manos
o debajo de las sombras, si camino rápido
o me detengo a fumar en una arista de la vida
que después será allanada por alguna otra ilusión amante,
de todos modos, no importa si soy los pasos
del león en una jaula y vengo sin ti del amarte
que es el lugar en donde me dejaste,
o si vengo de las noches con los ojos cerrados de soñarte
a soñarte despierto con los ojos abiertos de adorarte...
Due 31.8.11 en una tarde en la que su silueta se escondió atrás de una sombra que pario su luz en mi recuerdo.
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