Luis Trujillo
Poeta recién llegado
​​No juzgaría a quien cree que poesía
es explicar empedernidos impulsos
incultos, abordados desde siempre,
a quien cree ser poeta
cuando las llagas que rasca
son de prosista dormido,
a quien habla de luna
de la princesa de fresa
de horizonte
de llorar clásicos ríos.
No juzgaría al ego de flores
que toma la pluma y no se moja los pies,
al gallardo garufa que siente
es quetzal entre agrietadas aceras,
que carece de avenidas
de fotos, de oficio
y sin embargo se monta la capa
se ata las botas
y se dice sagrado.
No juzgaría a quien confunde las rimas
con poesía
a quien se nutre ignorando
e invita a soñar al mismo parque
sin muebles, ni arbustos de porcelana,
un parque compartido
sin vértigos que ensanchen
la endecha mas grata
que pueblen el barro mas tosco
en la espiral de los pétalos.
No juzgaría en vano, sin ornamenta
sin mi yelmo de paisajista
en perfil de acuarela,
sin decirle a mis tiernos hermanos
que entre el arco y la lira,
entre criterio y madrugada,
hay una estirpe que llora antorchas
y pasajes de cerámica y bronces,
paredones de símbolos
bifurcados entre el desquicio
de la significación a escalas.
No intentaría a voluntad infértil
a ceguera de azares
a desespero, a ultimo paraje,
colocarme la capa,
tender doscientas rimas
para que picoteen cacareando la prosa reciclada.
es explicar empedernidos impulsos
incultos, abordados desde siempre,
a quien cree ser poeta
cuando las llagas que rasca
son de prosista dormido,
a quien habla de luna
de la princesa de fresa
de horizonte
de llorar clásicos ríos.
No juzgaría al ego de flores
que toma la pluma y no se moja los pies,
al gallardo garufa que siente
es quetzal entre agrietadas aceras,
que carece de avenidas
de fotos, de oficio
y sin embargo se monta la capa
se ata las botas
y se dice sagrado.
No juzgaría a quien confunde las rimas
con poesía
a quien se nutre ignorando
e invita a soñar al mismo parque
sin muebles, ni arbustos de porcelana,
un parque compartido
sin vértigos que ensanchen
la endecha mas grata
que pueblen el barro mas tosco
en la espiral de los pétalos.
No juzgaría en vano, sin ornamenta
sin mi yelmo de paisajista
en perfil de acuarela,
sin decirle a mis tiernos hermanos
que entre el arco y la lira,
entre criterio y madrugada,
hay una estirpe que llora antorchas
y pasajes de cerámica y bronces,
paredones de símbolos
bifurcados entre el desquicio
de la significación a escalas.
No intentaría a voluntad infértil
a ceguera de azares
a desespero, a ultimo paraje,
colocarme la capa,
tender doscientas rimas
para que picoteen cacareando la prosa reciclada.