NO LO SÉ.
Ni te conozco.
Pero juraría delante del mismísimo Dios
que he abierto de par en par mis puertas
para que te sumerjas en mi alcoba
-tierra desierta de vigorosos enamorados-
donde desaforados temporales
interpretan letra a letra la poesía,
conjurada a la luz de una hoguera.
¿Dónde puedo ser el huésped de tus besos?
¿Entre qué abismos las sombras son fecundadas?
¿Dónde la fragancia del amor se excomulga?
¿En qué cofre de aguamarina encendida
escondimos entre harapos los besos?
No lo sé.
Sólo sé que es un crimen escribirte,
al deleitarme en la profundidad de tu nombre,
ahora dulce paloma en agonía,
más tarde reclamo para mi boca.
Leo
Ni te conozco.
Pero juraría delante del mismísimo Dios
que he abierto de par en par mis puertas
para que te sumerjas en mi alcoba
-tierra desierta de vigorosos enamorados-
donde desaforados temporales
interpretan letra a letra la poesía,
conjurada a la luz de una hoguera.
¿Dónde puedo ser el huésped de tus besos?
¿Entre qué abismos las sombras son fecundadas?
¿Dónde la fragancia del amor se excomulga?
¿En qué cofre de aguamarina encendida
escondimos entre harapos los besos?
No lo sé.
Sólo sé que es un crimen escribirte,
al deleitarme en la profundidad de tu nombre,
ahora dulce paloma en agonía,
más tarde reclamo para mi boca.
Leo
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