Old Soul
Poeta adicto al portal
No me gusta del todo mi nuevo camello,
hace poco cambié,
el antiguo se ha retirado del negocio,
después de muchos años,
y antes de retirarse
me ha presentado al otro.
El primer día,
por conocerlo,
le pregunté
por medio kilo de marihuana
y me miró con esa cara de cabrón
que ponen los ladrones
cuando piensan en robarte.
Por suerte mi antiguo camello,
su amigo,
le dijo unas palabras en voz baja
y cambió su expresión
por otra más relajada.
Yo prefería a mi antiguo camello,
hombre grande y fuerte, lleno de tatuajes,
bruto como él solo, sin embargo,
en el último año de la carrera de magisterio,
con especialidad en infantiles.
En cambio, mi nuevo camello
es traficante de profesión,
lo que significa
que nunca llega a la hora
y sólo te habla con respeto
cuando te da las gracias
cogiendo el dinero.
Una vez me mintió descaradamente,
y la paciencia de los ángeles
me hizo explicarle su estupidez
sin levantar la voz ni querer golpearle.
Desde aquello
en vez de llamarme “mi niño”
a cada momento
me lo llama sólo al despedirse,
con ese tono de desdén que tienen los necios,
con ese aire de desprecio de quien no piensa.
Aunque sé que no debe ser tan tonto,
pues me lo ha presentado el otro.
Además, éste no trafica sólo con marihuana,
como el otro,
pues el otro día me ofreció M.M.D.A.,
una droga sintética,
y “escama”,
cocaína.
Yo lo miré serio,
sopesando el peligro de tratarle,
él extrañado me preguntó si le había entendido,
yo afirmé casi sin mover la cabeza,
él se excusó por mi expresión,
diciendo que había que buscarse la vida.
Y me bajé del coche
despidiéndome desde fuera con un “venga”
y él desde dentro terminando con su “mi niño”.
La verdad,
no me gusta del todo mi nuevo camello,
no me da mucha confianza,
es ladino, inconsciente y no piensa mucho,
es insolente, engreído y egoísta.
Aunque tiene algo bueno,
todo tiene un lado bueno,
y es que el tipo,
que en el fondo no es tan malo,
consigue mejor droga.
hace poco cambié,
el antiguo se ha retirado del negocio,
después de muchos años,
y antes de retirarse
me ha presentado al otro.
El primer día,
por conocerlo,
le pregunté
por medio kilo de marihuana
y me miró con esa cara de cabrón
que ponen los ladrones
cuando piensan en robarte.
Por suerte mi antiguo camello,
su amigo,
le dijo unas palabras en voz baja
y cambió su expresión
por otra más relajada.
Yo prefería a mi antiguo camello,
hombre grande y fuerte, lleno de tatuajes,
bruto como él solo, sin embargo,
en el último año de la carrera de magisterio,
con especialidad en infantiles.
En cambio, mi nuevo camello
es traficante de profesión,
lo que significa
que nunca llega a la hora
y sólo te habla con respeto
cuando te da las gracias
cogiendo el dinero.
Una vez me mintió descaradamente,
y la paciencia de los ángeles
me hizo explicarle su estupidez
sin levantar la voz ni querer golpearle.
Desde aquello
en vez de llamarme “mi niño”
a cada momento
me lo llama sólo al despedirse,
con ese tono de desdén que tienen los necios,
con ese aire de desprecio de quien no piensa.
Aunque sé que no debe ser tan tonto,
pues me lo ha presentado el otro.
Además, éste no trafica sólo con marihuana,
como el otro,
pues el otro día me ofreció M.M.D.A.,
una droga sintética,
y “escama”,
cocaína.
Yo lo miré serio,
sopesando el peligro de tratarle,
él extrañado me preguntó si le había entendido,
yo afirmé casi sin mover la cabeza,
él se excusó por mi expresión,
diciendo que había que buscarse la vida.
Y me bajé del coche
despidiéndome desde fuera con un “venga”
y él desde dentro terminando con su “mi niño”.
La verdad,
no me gusta del todo mi nuevo camello,
no me da mucha confianza,
es ladino, inconsciente y no piensa mucho,
es insolente, engreído y egoísta.
Aunque tiene algo bueno,
todo tiene un lado bueno,
y es que el tipo,
que en el fondo no es tan malo,
consigue mejor droga.
Última edición: