No me olvido...

Pyck05

Poeta adicto al portal
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No me olvido del encargo,
de sacar de los tinteros,
a los curas y a las monjas
y que son, hoy, un recuerdo.

Serias caras, familiares,
con sus rasgos y sus gestos,
ademanes varoniles,
femeninos, de aquel tiempo.

No rehuyo aquella etapa
ni tampoco los consejos,
incluidas reprimendas
y algún grito por travieso.

Pero siempre fue empatía,
recibida que agradezco,
en los años infantiles
y siguientes en que vuelvo.

Y es aquí, donde las monjas,
aparecen con gracejo,
y recuerdo caras agrias
y otras dulces con sus velos.

Fue el momento de la chispa,
del romance y del mareo,
confesiones a destajo
por "amores a destiempo"

¡Qué bonita fue la etapa
de las letras y el colegio,
con los sueños que llegaban
de la luna y de los cielos!

Reconozco los pecados
por amar y tener miedo,
abrazando, por las noches,
las cobijas de mi lecho.

Confesiones a deshoras,
penitencias, padrenuestros,
y aquel alma, dolorida,
que lloraba en el silencio.

Pero un día , la sorpresa,
me rondó por no estar quieto,
y hubo un cura, que impaciente,
me mandó a los cuatro vientos.

Él me dio, de penitencia,
un cilicio y "tente tieso",
por ser malo y reincidente
y pecar como un poseso.

Al salir de aquella estancia
mi locura fue en aumento,
y me dije que "a su padre"
le mandara ese tormento.

Y empezó otra nueva etapa
con los curas y el trasiego
de la infancia y los amores,
sin monjitas ni camelos.

Pasó el tiempo y se quedaron,
cabizbajos, los recuerdos,
y aquel tiempo, que hoy evoco,
es un "lapsus" que te dejo.

Hasta aqui cumplo mi parte
de escribir, como lo siento,
de los curas y las monjas
y esa etapa de mi tiempo.

Rafael Sánchez Ortega ©
12/11/21
 
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No me olvido del encargo,
de sacar de los tinteros,
a los curas y a las monjas
y que son, hoy, un recuerdo.

Serias caras, familiares,
con sus rasgos y sus gestos,
ademanes varoniles,
femeninos, de aquel tiempo.

No rehuyo aquella etapa
ni tampoco los consejos,
incluidas reprimendas
y algún grito por travieso.

Pero siempre fue empatía,
recibida que agradezco,
en los años infantiles
y siguientes en que vuelvo.

Y es aquí, donde las monjas,
aparecen con gracejo,
y recuerdo caras agrias
y otras dulces con sus velos.

Fue el momento de la chispa,
del romance y del mareo,
confesiones a destajo
por "amores a destiempo"

¡Qué bonita fue la etapa
de las letras y el colegio,
con los sueños que llegaban
de la luna y de los cielos!

Reconozco los pecados
por amar y tener miedo,
abrazando, por las noches,
las cobijas de mi lecho.

Confesiones a deshoras,
penitencias, padrenuestros,
y aquel alma, dolorida,
que lloraba en el silencio.

Pero un día , la sorpresa,
me rondó por no estar quieto,
y hubo un cura, que impaciente,
me mandó a los cuatro vientos.

Él me dio, de penitencia,
un cilicio y "tente tieso",
por ser malo y reincidente
y pecar como un poseso.

Al salir de aquella estancia
mi locura fue en aumento,
y me dije que "a su padre"
le mandara ese tormento.

Y empezó otra nueva etapa
con los curas y el trasiego
de la infancia y los amores,
sin monjitas ni camelos.

Pasó el tiempo y se quedaron,
cabizbajos, los recuerdos,
y aquel tiempo, que hoy evoco,
es un "lapsus" que te dejo.

Hasta aqui cumplo mi parte
de escribir, como lo siento,
de los curas y las monjas
y esa etapa de mi tiempo.

Rafael Sánchez Ortega ©
12/11/21
Se recuerda más el castigo que la falta. Un abrazo, Rafael.
 

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