Paolo Luna
Poeta adicto al portal
No me quise adormecer
en el bosque y sus follajes,
y soñar con largos viajes
bajo el tibio atardecer.
No cantaron por cantar
los canarios y turpiales,
ni los frescos manantiales,
en la paz de aquel lugar.
Se divisa desde el monte,
una verde y fresca alfombra,
donde el árbol brinda sombra
al jilguero y al sinsonte.
Blanco y dulce manantial,
que desciende en la quebrada,
canta alegre su tonada
con hermosa agua cristal.
Rojo estuvo el sol poniente,
bello cielo anaranjado,
clara el agua, verde el prado,
flor del bosque en el ambiente.
Y la noche me encontró
con luciérnagas y grillos
y entre cantos y estribillos
todo el valle se durmió.
Y esperé el amanecer,
mil estrellas, blanca luna,
y aunque hermosa y tibia cuna,
no me quise adormecer.
en el bosque y sus follajes,
y soñar con largos viajes
bajo el tibio atardecer.
No cantaron por cantar
los canarios y turpiales,
ni los frescos manantiales,
en la paz de aquel lugar.
Se divisa desde el monte,
una verde y fresca alfombra,
donde el árbol brinda sombra
al jilguero y al sinsonte.
Blanco y dulce manantial,
que desciende en la quebrada,
canta alegre su tonada
con hermosa agua cristal.
Rojo estuvo el sol poniente,
bello cielo anaranjado,
clara el agua, verde el prado,
flor del bosque en el ambiente.
Y la noche me encontró
con luciérnagas y grillos
y entre cantos y estribillos
todo el valle se durmió.
Y esperé el amanecer,
mil estrellas, blanca luna,
y aunque hermosa y tibia cuna,
no me quise adormecer.