No nací para seguir a los hombres,
ni sus caprichos, ni sus reglamentos.
Todo se les va en firmas y lamentos
bajo sus falsas premisas y nombres.
Tontamente creí en las religiones
que llevan estigmas en sus entrañas,
que solo recubren sus malas mañas
con esas nuevas abominaciones.
Entiendo que por seguir al Maestro
no hacen falta los flagelos ni fiestas.
Ni levantar las voces de protestas
al profanar lo que por siempre es nuestro.
Por camino de Cristóbal de Licia
encontraré poderosas respuestas
que desde siempre brotan manifiestas
cual amor de mi Musa y su caricia.