Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
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No nos devolvieron el mañana.
Quizá porque éramos pobres
y vencíamos el hambre con ayunos.
Y así mismo
llenamos los salones de la noche
con las lágrimas saladas
que todos probamos,
pues fuimos tan fúnebres
que casi fuimos sepultados
a no ser de que
aún teníamos la convicción
que los precursorses del mañana
la devolverían intacta
con toda la esperanza,
con suficientes consuelos
para alimentar una multitud
de lamentos y sollozos.
No fue así.
El blanco día llegó
con su luz postrera
y llegó tan rápido
que nadie se dio cuenta.
De mi parte solo escupía polvo
en la única puerta
de entrada y salida
que tiene la vida.
alguien mencionó mi nombre en algún pensamiento
Y yo le escuché
porque trabajo en un invisible reino
dónde nadie cosecha arrogancia
y sembramos sonrisas ajenas.
Con pasos violentos queríamos justicia
y hacer de aquel inclinado salón
algo más que una ausencia.
Manipulamos tan mal
la única palabra que teníamos en la boca
que nadie se atrevió a decirla,
ni tampoco nadie la oyó.
la burla fuimos de quien nos desechó
porque caminamos en paz
y hablábamos en unidad.
Me dolió tanto que aún me duele.
Entonces levantamos las manos al recuerdo futuro
de un inevitable viaje al olvido
a la nada
al silencio.
La noche pasó breve con la muerte que nos unía
y teníamos la idea que de alguno modo
fuera otra mentira del destino
y volvieramos sonrientes a casa
con buen ánimo y gratitud.
Pero nunca nada termina con voluntad humana
sino que con ley severa y ley divina
nos llevaron a la boca abierta de la tierra,
y depositamos más que mar de lágrimas:
Depositamos nuestra sangre,
alegría
una familia
nuestras penas,
depositamos a mi hermano.
y aún así, alguien intenta ser feliz.
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