Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
No permita Dios
que el celeste de tus ojos no esté aquí,
que tu copa B se ausente de mi boca
y que mirarte desnuda no sea frecuente para mí.
No me permita Dios
que el rojo de tus labios no me bese
y que el encaje en tu cintura M
yo haga un baile sensual al dormir.
Que la altura de tus hombros
no me alcance como el cielo cuando estamos juntos,
y que si alguien mira hacia nosotros
sepa que somos de esos que no esconden los asuntos.
No me permita Dios que no te sientes en mi pecho,
que no me crucifiquen tus brazos
cuando al besarnos nos recorremos
como amantes despiadados.
Que no permita el cielo que amanezca
sin un bufete sobre la mesa
donde expongas las jugadas
que los árbitros pitan por fuera.
No permita Dios que no ande mi hombría tu figura,
no permita que me lleve el purgatorio,
pon el infierno en mi dormitorio
para arder con placer en tu hermosura.
que el celeste de tus ojos no esté aquí,
que tu copa B se ausente de mi boca
y que mirarte desnuda no sea frecuente para mí.
No me permita Dios
que el rojo de tus labios no me bese
y que el encaje en tu cintura M
yo haga un baile sensual al dormir.
Que la altura de tus hombros
no me alcance como el cielo cuando estamos juntos,
y que si alguien mira hacia nosotros
sepa que somos de esos que no esconden los asuntos.
No me permita Dios que no te sientes en mi pecho,
que no me crucifiquen tus brazos
cuando al besarnos nos recorremos
como amantes despiadados.
Que no permita el cielo que amanezca
sin un bufete sobre la mesa
donde expongas las jugadas
que los árbitros pitan por fuera.
No permita Dios que no ande mi hombría tu figura,
no permita que me lleve el purgatorio,
pon el infierno en mi dormitorio
para arder con placer en tu hermosura.