Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
No puedo escribir un lindo poema infantil,
aunque por sus versos discurran
las voces de los niños
-¡cuántas veces rotas por el llanto!-
o su inocencia
arrastrada por el mar
o sus juegos en primera línea de fuego.
No, no puedo escribir un lindo
poema infantil, aunque por sus versos
discurran los pies cansados de los niños
o su huida de los lobos por caminos imposibles
hacia tierra habitadas por más lobos.
¿Cuántos habrán muerto
desde que escribo estos versos?
¿Qué ha sido de la valiosa palabra de los niños?
De nada sirve componer
lindos poemas infantiles cuando sus lágrimas,
como fieros dientes de leche, demandan
todos mis versos. Porque sin aire y sin raíz,
sin útero y sin voz cálida, sin paisaje familiar
(ni tan siquiera una maldita fotografía
con la que poder respirar del pasado)...,
¿dónde una pelota para que jueguen los niños?,
¿dónde una canción de peluche
con la que acunarse durante la larga vigilia?,
¿dónde unos colores para que puedan dibujar
cuentos con sus heridas o sueños con su silencio?
La linda poesía infantil no será más
que un montón de tierra seca
mientra entre las zarzas los poderosos,
armados hasta los dientes, observen
obscenamente impasibles
las pequeñas zapatillas sin vida de los niños.

aunque por sus versos discurran
las voces de los niños
-¡cuántas veces rotas por el llanto!-
o su inocencia
arrastrada por el mar
o sus juegos en primera línea de fuego.
No, no puedo escribir un lindo
poema infantil, aunque por sus versos
discurran los pies cansados de los niños
o su huida de los lobos por caminos imposibles
hacia tierra habitadas por más lobos.
¿Cuántos habrán muerto
desde que escribo estos versos?
¿Qué ha sido de la valiosa palabra de los niños?
De nada sirve componer
lindos poemas infantiles cuando sus lágrimas,
como fieros dientes de leche, demandan
todos mis versos. Porque sin aire y sin raíz,
sin útero y sin voz cálida, sin paisaje familiar
(ni tan siquiera una maldita fotografía
con la que poder respirar del pasado)...,
¿dónde una pelota para que jueguen los niños?,
¿dónde una canción de peluche
con la que acunarse durante la larga vigilia?,
¿dónde unos colores para que puedan dibujar
cuentos con sus heridas o sueños con su silencio?
La linda poesía infantil no será más
que un montón de tierra seca
mientra entre las zarzas los poderosos,
armados hasta los dientes, observen
obscenamente impasibles
las pequeñas zapatillas sin vida de los niños.

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