Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
No sé cómo vives tú, pero puedo contarte algo.
… brozas de sombras en el piano de mis dedos,
desasidas de la tierra fértil del tacto,
aullando su melodía displicente sin roce,
las caricia son el despiece que buscan su hábitat
en la bruma espesa de la nada,
como si se sustentaran
del abúlico autismo de las piedras,
ahogándose en el bastimento de bullicios,
esos, que no me entretienen hoy.
Respirando los aspavientos de las paredes,
mi figura descartada de su ombligo
se parecía a sus ladrillos
sin un ayer de placenta
con la mirada volada en alas de pájaros,
en los bordes de las nubes,
en cada uno de sus precipicios al cielo.
No había nacido en ese momento, no había etapas
no fui semilla de esta tristeza que hoy madura tu nombre,
no tuve primer trazo en un esbozo manchado de lágrimas.
Le lloví a la noche todas las velas, quemé todas las estrellas,
aún así, el alba lavó sus llamas,
peinó el ramaje del viento con caricias transparentes,
posó su luz sobre las gargantas de aves,
sobre el tocado musical de las copas,
y así le hice un gesto de máscara a un día más.
Cada ángulo de mi sonrisa se estiró a este y oeste,
la tristeza cayó desde el norte desordenado de mi cabello
hasta el sur polvoriento de pies descalzos,
no hubo rezos,
solo el periódico en blanco
sobre los pliegues de mis labios,
crucifijo olvidado a la vera de mi billetera,
no pude comprar un perdón,
mucho menos un olvido…
No sé cómo vives tú, yo sin embargo, te extraño.
desasidas de la tierra fértil del tacto,
aullando su melodía displicente sin roce,
las caricia son el despiece que buscan su hábitat
en la bruma espesa de la nada,
como si se sustentaran
del abúlico autismo de las piedras,
ahogándose en el bastimento de bullicios,
esos, que no me entretienen hoy.
Respirando los aspavientos de las paredes,
mi figura descartada de su ombligo
se parecía a sus ladrillos
sin un ayer de placenta
con la mirada volada en alas de pájaros,
en los bordes de las nubes,
en cada uno de sus precipicios al cielo.
No había nacido en ese momento, no había etapas
no fui semilla de esta tristeza que hoy madura tu nombre,
no tuve primer trazo en un esbozo manchado de lágrimas.
Le lloví a la noche todas las velas, quemé todas las estrellas,
aún así, el alba lavó sus llamas,
peinó el ramaje del viento con caricias transparentes,
posó su luz sobre las gargantas de aves,
sobre el tocado musical de las copas,
y así le hice un gesto de máscara a un día más.
Cada ángulo de mi sonrisa se estiró a este y oeste,
la tristeza cayó desde el norte desordenado de mi cabello
hasta el sur polvoriento de pies descalzos,
no hubo rezos,
solo el periódico en blanco
sobre los pliegues de mis labios,
crucifijo olvidado a la vera de mi billetera,
no pude comprar un perdón,
mucho menos un olvido…
No sé cómo vives tú, yo sin embargo, te extraño.
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