Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
NO SÉ POR QUÉ
No sé pero quisiera haber llegado antes,
tal vez mucho antes que algún hombre
explorador, investigador o aventurero;
haber observado ese primer viso,
experimentado esa extraña prolijidad de las cosas
que solo se sienten y viven una vez única
y ya jamás vuelve.
Quisiera haberme acercado a estas costas,
a estas piedras, a estos muros;
haber acariciado la faz de estas monedas,
mis pies presentido el encandilamiento de estas aguas
al primer contacto con mi huraña presencia;
haber saludado esa mañana irrepetible
sobre aquellos matorrales de historia a los que la luz
antiquísima
regaló sus dones castísimos;
divagar por vez primera
por estas callejas que otros ni siguiera hubieran vaticinado
o presentido,
en todo caso haber sido el primero,
rasguñado esa tela frágil del pasado
su alforja recubriendo en el hueso ya roído del tiempo,
lo bello y sublime,
invisible a cierto candor que nadie atisba o enlista.
Haber estado aquí antes
no ahora que sucia y demencialmente
se lavaron los rostros de la alucinación y decae
la contemplación plácida en las cosas viejas.
Tal vez vine en mi sueño, visite estas estancias,
puse mi endeble sello para que así ahora lo recordara,
quizá por eso siento este deseo
pálpito de hombre frente al cadudo trabajo
del hombre
del tiempo.
No sé pero quisiera haber llegado antes,
tal vez mucho antes que algún hombre
explorador, investigador o aventurero;
haber observado ese primer viso,
experimentado esa extraña prolijidad de las cosas
que solo se sienten y viven una vez única
y ya jamás vuelve.
Quisiera haberme acercado a estas costas,
a estas piedras, a estos muros;
haber acariciado la faz de estas monedas,
mis pies presentido el encandilamiento de estas aguas
al primer contacto con mi huraña presencia;
haber saludado esa mañana irrepetible
sobre aquellos matorrales de historia a los que la luz
antiquísima
regaló sus dones castísimos;
divagar por vez primera
por estas callejas que otros ni siguiera hubieran vaticinado
o presentido,
en todo caso haber sido el primero,
rasguñado esa tela frágil del pasado
su alforja recubriendo en el hueso ya roído del tiempo,
lo bello y sublime,
invisible a cierto candor que nadie atisba o enlista.
Haber estado aquí antes
no ahora que sucia y demencialmente
se lavaron los rostros de la alucinación y decae
la contemplación plácida en las cosas viejas.
Tal vez vine en mi sueño, visite estas estancias,
puse mi endeble sello para que así ahora lo recordara,
quizá por eso siento este deseo
pálpito de hombre frente al cadudo trabajo
del hombre
del tiempo.
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