¿Cómo se respira con la suciedad en las narices?, le dice el obrero al ladrón.
Prefiero hacer lo mío para acabar con la desigualdad responde tranquilamente el ladrón.
-¿Qué es lo tuyo?, ¿ganar a costa de la derrota de los otros?
No me hables de triunfos, aquí los perdedores siempre hemos sido nosotros. Antes muero en el intento que volver a ser esclavo del hijo de un don nadie, dice con más fuerza el ladrón.
Temo decirte que esa no es la forma, hay otras más honorables, como por ejemplo la mía. No se necesita mucho para ser feliz, por si no lo sabías, responde algo apenado el obrero.
-Para mí, el honor se mide según la satisfacción que te entreguen tus acciones, y yo se que tu manera no sería honorable para mí.
El ladrón toma media vuelta y rápidamente se va achicando su figura por las lejanías del campo. El obrero orgulloso de su profesión, gira para tomar su pala y volver a trabajar, cuando se da cuenta que su pala ha sido robada. Entonces se revisa los bolsillos y su billetera no estaba. Mira sus zapatos y los encuentra sin cordones. Se percata de que su chaqueta y su cinturón ya no estaban en su cuerpo. Cuando parecía que todo lo que buscaba había sido robado, metió su mano por la boca hasta el pecho y sintió como su corazón seguía latiendo más fuerte y seguro que antes del robo.
Siempre lo supe, no te pueden robar tu corazón, fue lo último que menciono antes de tomar rumbo hacia su choza, en donde era esperado por su señora y sus cuatro hijos.
Prefiero hacer lo mío para acabar con la desigualdad responde tranquilamente el ladrón.
-¿Qué es lo tuyo?, ¿ganar a costa de la derrota de los otros?
No me hables de triunfos, aquí los perdedores siempre hemos sido nosotros. Antes muero en el intento que volver a ser esclavo del hijo de un don nadie, dice con más fuerza el ladrón.
Temo decirte que esa no es la forma, hay otras más honorables, como por ejemplo la mía. No se necesita mucho para ser feliz, por si no lo sabías, responde algo apenado el obrero.
-Para mí, el honor se mide según la satisfacción que te entreguen tus acciones, y yo se que tu manera no sería honorable para mí.
El ladrón toma media vuelta y rápidamente se va achicando su figura por las lejanías del campo. El obrero orgulloso de su profesión, gira para tomar su pala y volver a trabajar, cuando se da cuenta que su pala ha sido robada. Entonces se revisa los bolsillos y su billetera no estaba. Mira sus zapatos y los encuentra sin cordones. Se percata de que su chaqueta y su cinturón ya no estaban en su cuerpo. Cuando parecía que todo lo que buscaba había sido robado, metió su mano por la boca hasta el pecho y sintió como su corazón seguía latiendo más fuerte y seguro que antes del robo.
Siempre lo supe, no te pueden robar tu corazón, fue lo último que menciono antes de tomar rumbo hacia su choza, en donde era esperado por su señora y sus cuatro hijos.