No sé qué quiero, decir

Évano

Libre, sin dioses.
Te supones falto de calma
y es porque el tiempo te desea
incertidumbre.

Ningún mayo, como sabes ahora,
es tan honorable.

Nada es origen,
nada es mayo.

No te incumbe ya el dilema del arte
porque ahora eres otro
señor de la palabra,
otra voz de bastilla rodeado
de batallones de cuadros ilegales.

Eres ahora una alarma difuminando,
creando hipótesis.

Supones que tu caso ya no avanza
y te dices que regresas al origen,
a ver si no encuentras más
obstáculos.

Tus pasos, dados, no tienen razón.

De todos modos decides tu número,
te sientas y esperas,
limpio y confortable,
a las llamas de las horas.

Mas solo acuden personas guardándote
de las llamas del arte.

Ahora el arte, para ti,
son llamas sucias,
mayos inciertos, revoluciones
de mendigos cortando los cuellos del origen.

Vuelves al origen y vuelves
a salir
como un hondo suspiro,
y al momento te faltan momentos y no notas
ninguna transacción,
otra vez.

Rendido dispones ahora de dinero,
mas ya no puedes escapar de tu noria
de mayos y orígenes.

Y abandonas el verte humilde
en ese pueblo natal de mayo
que ya no es arte ni existe;
solo eres tristeza aliviando la ganancia.

Ya no eres riesgo,
solo un cúmulo de objetos
y molestias
mientras esperas vender tu frío
para compensar lo que sientes.

Y como gente apresurada te metes las manos
en los bolsillos
y te vas sobrado
de incertidumbre a buscar la única
calma posible.

Nunca entendiste que no hay calma en el arte,
que no hay orígenes,
que no hay mayos;
solo lo incierto,
el destierro.

 
Última edición:
Te supones falto de calma
y es porque el tiempo te desea
incertidumbre.

Ningún mayo, como sabes ahora,
es tan honorable.

Nada es origen,
nada es mayo.

No te incumbe ya el dilema del arte
porque ahora eres otro
señor de la palabra,
otra voz de bastilla rodeado
de batallones de cuadros ilegales.

Eres ahora una alarma difuminando,
creando hipótesis.

Supones que tu caso ya no avanza
y te dices que regresas al origen,
a ver si no encuentras más
obstáculos.

Tus pasos, dados, no tienen razón.

De todos modos decides tu número,
te sientas y esperas,
limpio y confortable,
a las llamas de las horas.

Mas solo acuden personas guardándote
de las llamas del arte.

Ahora el arte, para ti,
son llamas sucias,
mayos inciertos, revoluciones
de mendigos cortando los cuellos del origen.

Vuelves al origen y vuelves
a salir
como un hondo suspiro,
y al momento te faltan momentos y no notas
ninguna transacción,
otra vez.

Rendido dispones ahora de dinero,
mas ya no puedes escapar de tu noria
de mayos y orígenes.

Y abandonas el verte humilde
en ese pueblo natal de mayo
que ya no es arte ni existe;
solo eres tristeza aliviando la ganancia.

Ya no eres riesgo,
solo un cúmulo de objetos
y molestias
mientras esperas vender tu frío
para compensar lo que sientes.

Y como gente apresurada te metes las manos
en los bolsillos
y te vas sobrado
de incertidumbre a buscar la única
calma posible.

Nunca entendiste que no hay calma en el arte,
que no hay orígenes,
que no hay mayos;
solo lo incierto,
el destierro.

Saludos señor Évano

"Nunca entendiste que no hay calma en el arte,"


Pero aún así nos queda ese refugio,
¿no es así mi amigo?
Siempre un lujo
pasar por tu espacio
para no sentirse un extraño...

Excelente
un fuerte abrazo y mi cariño

ligiA
 
Unos versos muy interesantes, señor Vicente, y eso hoy en día ya es decir mucho. Y sí, el arte y el pensamiento son riesgo, como la evolución, como la vida misma... los que sobresalieron de la media siempre lo supieron.

Buen poema, por momentos difícil y profundo, pero bueno sin duda. Personalmente lo entiendo como un canto y una reivindicación de la autenticidad, una crítica contra la "comodidad" de lo establecido. Un abrazo, Vicente.
 

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