Fingal
Poeta adicto al portal
No sé si me hago daño cuando te imagino
más de media vida,
te dije...
con el temblor del niño que descubre
que los cuentos solo son cuentos,
te dije...
con la sabiduría de la inocencia,
te dije
(aún lo tengo escrito):
Princesa de reinos encantados inventados,
cuando dejes el cielo, te seguiré soñando,
cuando recites tu historia, te estaré escuchando,
cuando estén vacías, acariciaré tus manos.
Cuando el mundo te dé vida, seremos felices.
Aunque no los contaba
llevábamos cinco años juntos
y fue la primera vez
que te escribo
que te nombro
que te miro
a los ojos.
Luego te ignoré
otra vez,
te cambié,
te mezclé
con otras.
Te olvidé
quién eres,
quién no eres.
Traigo una pregunta
sin rencores.
De todas las caras,
los nombres,
las voces,
las noches
que has tenido,
¿siempre fuiste tú desde el principio?
¿O acaso
alguna de ellas
pudo realmente haber sido?
Estuvimos tan cerca de conseguirlo;
una sola vez;
estuvimos tan cerca de conseguirlo...
Te habrías marchado
contenta
de dejarme en buenas manos.
Porque tú y yo en cualquier momento
podemos tumbarnos a mirar las estrellas
y puedo pedirte las que quiera
y nada
nada te impedirá traérmelas.
Nadie me ha acariciado tan desnudo.
Contigo
puedo ser débil,
puedo ser niño,
puedo jugar
a tener frío
y miedo
y llanto
y solo
por el momento
de refugiarme en tu abrazo.
Hoy por primera vez
pienso en ti,
tú de mentira,
tú de verdad.
Trasciendo los velos,
beso tu naturaleza
y amo lo que veo.
Hoy por primera vez
no pretendo hacerte otra.
Te juro que nunca más,
y tengo que escribirlo
para crear una remota
esperanza de cumplirlo,
te juro que nunca más
volveré a arrancarte de nuestro cuento.
Y si alguna vez
vuelvo a amar,
si alguna vez,
amar de verdad,
en estas líneas
ella y tú
tendréis que conoceros
y haceros amigas.
Galapagar (Madrid) 14 de agosto de 2015