José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
NO SENTENCIES POR LAS APARIENCIAS…
Te miro...
y la nostalgia de mi niñez
me retorna a aquel mágico mundo
donde la ilusión y lo real se confundían.
Te miro...
y no es el yo de ahora el que te ve,
es el yo niño que sigue acompañándome
y me cuida, y me lleva de la mano para no caer.
Tú, eres para mi...
aquel “Patito Feo” de las cinco de la tarde,
cuando la merienda que me daban, se alienaba con el
“cua-cua-cua” de la tristeza que respirabas.
Hoy...
tú eres mi estandarte, mi esperanza.
Esperanza de esta sociedad que paso a paso avanza,
y que algún día, quiero yo creer…
...deslumbrará.
Deslumbrará como aquel “patito feo”
que una vez creció... deslumbró.
Te miro...
y la nostalgia de mi niñez
me retorna a aquel mágico mundo
donde la ilusión y lo real se confundían.
Te miro...
y no es el yo de ahora el que te ve,
es el yo niño que sigue acompañándome
y me cuida, y me lleva de la mano para no caer.
Tú, eres para mi...
aquel “Patito Feo” de las cinco de la tarde,
cuando la merienda que me daban, se alienaba con el
“cua-cua-cua” de la tristeza que respirabas.
Hoy...
tú eres mi estandarte, mi esperanza.
Esperanza de esta sociedad que paso a paso avanza,
y que algún día, quiero yo creer…
...deslumbrará.
Deslumbrará como aquel “patito feo”
que una vez creció... deslumbró.
José Ignacio