Estás acostada a mi lado,
pálida, con tus sueños congelados,
y mi mano alcanza tus dedos
porque quiero que comprendas
a través de mi tacto,
que dormida ó despierta,
yo ,simplemente, te amo.
Aunque no seas la que fuiste
por las circunstancias,
la mala suerte,
por lo que nos ata,
por lo que nos envenena,
por todos esos obstáculos,
ciertos o imaginados,
que hasta este momento
nos han llevado.
Te mueres, lo sé,
y tú, a pesar de mis mentiras entregadas,
también lo sabes
y me lo muestras en esa mirada
que transciende
la palabrería banal
del día a día
que quiere cubrir
esta verdad dañina.
¡Quién tuviera vacío
en lugar de corazón
para no sentir
este dolor lacerante,
este vértigo de tristeza,
que ahoga,
mano que invisible te asfixia,
cordura que como granos de arena
se deshace
ante esta terrible espera!.
Boquete abierto en mi cerebro
que se resiste, que se rebela,
que grita a los cielos traidores
que te pusieron al alcance de mi mano,
y que ahora,
a la soledad me condenan.
Quisiera ser animal.
Lobo desatado
que a la luna aullara
todos estos sentimientos
que deben ser controlados
para que la locura
no abra la puerta
y en desconcierto maldito
me sumerja.
Pero, ¡ay! no puedo olvidar
que la enfermedad
te atrapó en sus redes
y que no te podrás soltar
aunque mis manos
cuchillos se tornen;
que un día tus ojos
no se abrirán,
y que con tu último latido,
mi voluntad, mi ser mismo,
hacia la nada, contigo,
me arrastrarás.
pálida, con tus sueños congelados,
y mi mano alcanza tus dedos
porque quiero que comprendas
a través de mi tacto,
que dormida ó despierta,
yo ,simplemente, te amo.
Aunque no seas la que fuiste
por las circunstancias,
la mala suerte,
por lo que nos ata,
por lo que nos envenena,
por todos esos obstáculos,
ciertos o imaginados,
que hasta este momento
nos han llevado.
Te mueres, lo sé,
y tú, a pesar de mis mentiras entregadas,
también lo sabes
y me lo muestras en esa mirada
que transciende
la palabrería banal
del día a día
que quiere cubrir
esta verdad dañina.
¡Quién tuviera vacío
en lugar de corazón
para no sentir
este dolor lacerante,
este vértigo de tristeza,
que ahoga,
mano que invisible te asfixia,
cordura que como granos de arena
se deshace
ante esta terrible espera!.
Boquete abierto en mi cerebro
que se resiste, que se rebela,
que grita a los cielos traidores
que te pusieron al alcance de mi mano,
y que ahora,
a la soledad me condenan.
Quisiera ser animal.
Lobo desatado
que a la luna aullara
todos estos sentimientos
que deben ser controlados
para que la locura
no abra la puerta
y en desconcierto maldito
me sumerja.
Pero, ¡ay! no puedo olvidar
que la enfermedad
te atrapó en sus redes
y que no te podrás soltar
aunque mis manos
cuchillos se tornen;
que un día tus ojos
no se abrirán,
y que con tu último latido,
mi voluntad, mi ser mismo,
hacia la nada, contigo,
me arrastrarás.