P
Paloma Martin
Invitado
No siempre puedo alimentar con amor
el cuerpo anhelante de mis poesías.
A veces son esqueletos apenas, de lo
que quisiera querer, y no podría.
Le puse palabras en hilera como dientes
para que muerda tus labios cuando me leas,
pero desnudó una sonrisa que de nada reía.
Le quise poner flores para adornar las hebras
de versos trenzados, con bellas palabras,
y sólo encontré palabras sin colores
de esas que la vida te quita
y te las devuelve, marchitas.
Le quise poner un corazón y vi que hoy no latía.
La quise hacer volar como siempre a mi poesía
como un ave que deja mensajes de amores
y se quedó extendida en el papel, blanca y vacía.
 
 
el cuerpo anhelante de mis poesías.
A veces son esqueletos apenas, de lo
que quisiera querer, y no podría.
Le puse palabras en hilera como dientes
para que muerda tus labios cuando me leas,
pero desnudó una sonrisa que de nada reía.
Le quise poner flores para adornar las hebras
de versos trenzados, con bellas palabras,
y sólo encontré palabras sin colores
de esas que la vida te quita
y te las devuelve, marchitas.
Le quise poner un corazón y vi que hoy no latía.
La quise hacer volar como siempre a mi poesía
como un ave que deja mensajes de amores
y se quedó extendida en el papel, blanca y vacía.
 
 
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