Cris Cam
Poeta adicto al portal
No soy, sólo soy
A Mía
No soy quien te fascina, con vanidades femeninas,
de verso atrevido, con arrullo de palabras,
entre jeringas y alcoholes, entre éxtasis y decepción.
No soy quien te deslumbra, con años de experiencia,
de bisturí y firmeza, con pasión otoñal,
entre montes depilados, entre hoteles y escondidas.
No soy quien te domina, con fuerza entre sábanas,
de dulce perversidad, con arma y batería,
entre rock y tatuajes, entre vientos y tumbas.
No soy quien te alegra, con melancólico viento caoba,
de tardía adolescencia, con vampirezco nombre,
entre naves y disfraces, entre humo y mar.
Sólo soy una pasión irredenta, con melancolía perpetua,
de tenues masajes, con fracasos y espantos,
entre poemas y caídas, entre silencia y locura.
Sólo soy quien te adora, sin conquista, ni falacia,
sin autoridad, ni poder, sin aventura, ni vértigo,
sin diversión, ni melodía, con cobardía e ineptitud
Sólo soy tu absoluta posesión, con espíritu entregado,
de silencio infinito, con fidelidad absurda,
entre mates y recuerdos, entre timidez y deseo.
Sólo soy quien te ama,
no adula, ni ordena, no atropella, ni festeja.
Pero a un sólo pedido, simple y susurrante,
su Sangre daría por vos.
1996
A Mía
No soy quien te fascina, con vanidades femeninas,
de verso atrevido, con arrullo de palabras,
entre jeringas y alcoholes, entre éxtasis y decepción.
No soy quien te deslumbra, con años de experiencia,
de bisturí y firmeza, con pasión otoñal,
entre montes depilados, entre hoteles y escondidas.
No soy quien te domina, con fuerza entre sábanas,
de dulce perversidad, con arma y batería,
entre rock y tatuajes, entre vientos y tumbas.
No soy quien te alegra, con melancólico viento caoba,
de tardía adolescencia, con vampirezco nombre,
entre naves y disfraces, entre humo y mar.
Sólo soy una pasión irredenta, con melancolía perpetua,
de tenues masajes, con fracasos y espantos,
entre poemas y caídas, entre silencia y locura.
Sólo soy quien te adora, sin conquista, ni falacia,
sin autoridad, ni poder, sin aventura, ni vértigo,
sin diversión, ni melodía, con cobardía e ineptitud
Sólo soy tu absoluta posesión, con espíritu entregado,
de silencio infinito, con fidelidad absurda,
entre mates y recuerdos, entre timidez y deseo.
Sólo soy quien te ama,
no adula, ni ordena, no atropella, ni festeja.
Pero a un sólo pedido, simple y susurrante,
su Sangre daría por vos.
1996