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No te bajes mi niña. Imag 3 - Oct / 2018

José Ignacio Ayuso Diez

Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...

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No estarás sola mi niña.

No lo estarás
cuando yo me haya ido.


Estarás rodeada de mar,
de mi mar y de mi alma.
De ocasos de sol con futuro
de mañanas en calma.
De horizontes limpios,
con cielos cálidos
de color ámbar.


El sol,
te despertará
como siempre,
como cada mañana.
No encontrará mancha
de mi sombra,
pero te contará historias
de un viejo que te extraña.
Te iluminará los caminos
y allanará tu morada
a través de la ventanita
de tu alma.
Que te dará luz y calor
con reflejos en ámbar
y colores de amor.


Tú,
mi niña,
serás mi estrella,
serás mi guía,
serás el velamen
de mi travesía
en balsa
por ese mar
de oscura traza.


Guiarás
mi andadura
por el ámbar negro
hacia el columpio
de los sueños,
donde añoraré
tus balanceos
y tus besos.


No te bajes mi niña,
quédate de espaldas,
no te pierdas
el ocaso
de esa luz
que te abraza.
Búscame después
en el balanceo
de las olas
y colúmpiate
con los recuerdos
de aquel peluche
que nunca
te dejó sola.


No,
no te bajes
mi cielo,
que la luna
que te mira,
es la misma
que acogió
en su casa
la sombra
que te abraza,
y todas las noches,
mucho antes
que despierte el alba,
desciende en tus sueños,
y te cambia
los amargos por dichas,
dándote un beso
en tu mejilla redondita
y sonrosada.


No mi niña.
No te bajes.
Sujétate con fuerza
al columpio de la vida,
que yo no dejaré de abrazarte
en tus días aciagos,
que vendrán…
de mirada húmeda y perdida.
José Ignacio
 
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No estarás sola mi niña.

No lo estarás
cuando yo me haya ido.


Estarás rodeada de mar,
de mi mar y de mi alma.
De ocasos de sol con futuro
de mañanas en calma.
De horizontes limpios,
con cielos cálidos
de color ámbar.


El sol,
te despertará
como siempre,
como cada mañana.
No encontrará mancha
de mi sombra,
pero te contará historias
de un viejo que te extraña.
Te iluminará los caminos
y allanará tu morada
a través de la ventanita
de tu alma.
Que te dará luz y calor
con reflejos en ámbar
y colores de amor.


Tú,
mi niña,
serás mi estrella,
serás mi guía,
serás el velamen
de mi travesía
en balsa
por ese mar
de oscura traza.


Guiarás
mi andadura
por el ámbar negro
hacia el columpio
de los sueños,
donde añoraré
tus balanceos
y tus besos.


No te bajes mi niña,
quédate de espaldas,
no te pierdas
el ocaso
de esa luz
que te abraza.
Búscame después
en el balanceo
de las olas
y colúmpiate
con los recuerdos
de aquel peluche
que nunca
te dejó sola.


No,
no te bajes
mi cielo,
que la luna
que te mira,
es la misma
que acogió
en su casa
la sombra
que te abraza,
y todas las noches,
mucho antes
que despierte el alba,
desciende en tus sueños,
y te cambia
los amargos por dichas,
dándote un beso
en tu mejilla redondita
y sonrosada.


No mi niña.
No te bajes.
Sujétate con fuerza
al columpio de la vida,
que yo no dejaré de abrazarte
en tus días aciagos,
que vendrán…
de mirada húmeda y perdida.
José Ignacio

Bello decir columpia en tus sentimentales letras estimado Poeta José Ignacio Ayuso Diez: despedida al alba. Un placer visitarte.
Mi abrazo alegre desde México...

Anthua62
 
Bello decir columpia en tus sentimentales letras estimado Poeta José Ignacio Ayuso Diez: despedida al alba. Un placer visitarte.
Mi abrazo alegre desde México...

Anthua62

Muchas gracias estimado Anthua por tan entrañables comentarios que dedicas a mis poemas.
El placer es mío por encontrarte.
Otro alegre abrazo desde España para ti y a tu amado México. José I.
 
Muy enternecedor, José I. No he pasado por alto la fecha en la que lo publicaste ¿estoy equivocada?, ni esa ventanita que tanto me gustó y que veo ahora plasmada en tu bonito poema.

No mi niña.
No te bajes.

Me ha encantado ese modo de expresarlo, tan poético, tan cierto.

Un abrazo,
Eva

Muchas gracias Eva. Ya veo que eres muy observadora. Tienes razón, aunque, la verdad, no creo en el más allá. Me gustaría que cuando nos fuéramos de este mundo pudiéramos seguir de alguna manera cerca de nuestros seres queridos, pero no para interferir en sus vidas, sino, para ayudar en casos puntuales, cuando realmente necesitaran de nosotros. Pero creo que eso no es posible. De todas formas, la muerte... es muy recurrente para elucubrar y darle formas, sacamos mucho de nosotros mismos cuando hablamos de ella... y no deja de ser un eslabón más del ciclo de la vida...
bueno Eva, que me pongo trascendente y no es plan.
Un beso muy fuerte y muchas gracias por estar ahí, dedicando tu valioso tiempo en estas pequeñas cosas. José I.
 
Muchas gracias Eva. Ya veo que eres muy observadora. Tienes razón, aunque, la verdad, no creo en el más allá. Me gustaría que cuando nos fuéramos de este mundo pudiéramos seguir de alguna manera cerca de nuestros seres queridos, pero no para interferir en sus vidas, sino, para ayudar en casos puntuales, cuando realmente necesitaran de nosotros. Pero creo que eso no es posible. De todas formas, la muerte... es muy recurrente para elucubrar y darle formas, sacamos mucho de nosotros mismos cuando hablamos de ella... y no deja de ser un eslabón más del ciclo de la vida...
bueno Eva, que me pongo trascendente y no es plan.
Un beso muy fuerte y muchas gracias por estar ahí, dedicando tu valioso tiempo en estas pequeñas cosas. José I.
Es un placer, gracias a ti por compartir, es el modo que tenemos de enriquecernos.
Yo lo que intento hacer solo es leer con atención aquello que me parece que está queriendo decir algo y merece la pena. Gracias a ti de nuevo.
Un beso fuerte,
Eva
 
En realidad uno siempre se queda en el corazón de quien nos ama, y a quienes hemos amado, solo que es transitoria y muy dolorosa la partida, bellisimo poema, saludos Alex
 
En realidad uno siempre se queda en el corazón de quien nos ama, y a quienes hemos amado, solo que es transitoria y muy dolorosa la partida, bellisimo poema, saludos Alex

Muchas gracias Rainbow por acercarte y dejar tu acertado comentario. Así es, si ya es dolorosa una partida terrenal cuando se nos van a X kilómetros de distancia, pues fíjate cuando la partida es más "lejos en distancia y en tiempo", que ya no depende de nosotros. Un cordial saludo Alex.
José I.
 
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No estarás sola mi niña.

No lo estarás
cuando yo me haya ido.


Estarás rodeada de mar,
de mi mar y de mi alma.
De ocasos de sol con futuro
de mañanas en calma.
De horizontes limpios,
con cielos cálidos
de color ámbar.


El sol,
te despertará
como siempre,
como cada mañana.
No encontrará mancha
de mi sombra,
pero te contará historias
de un viejo que te extraña.
Te iluminará los caminos
y allanará tu morada
a través de la ventanita
de tu alma.
Que te dará luz y calor
con reflejos en ámbar
y colores de amor.


Tú,
mi niña,
serás mi estrella,
serás mi guía,
serás el velamen
de mi travesía
en balsa
por ese mar
de oscura traza.


Guiarás
mi andadura
por el ámbar negro
hacia el columpio
de los sueños,
donde añoraré
tus balanceos
y tus besos.


No te bajes mi niña,
quédate de espaldas,
no te pierdas
el ocaso
de esa luz
que te abraza.
Búscame después
en el balanceo
de las olas
y colúmpiate
con los recuerdos
de aquel peluche
que nunca
te dejó sola.


No,
no te bajes
mi cielo,
que la luna
que te mira,
es la misma
que acogió
en su casa
la sombra
que te abraza,
y todas las noches,
mucho antes
que despierte el alba,
desciende en tus sueños,
y te cambia
los amargos por dichas,
dándote un beso
en tu mejilla redondita
y sonrosada.


No mi niña.
No te bajes.
Sujétate con fuerza
al columpio de la vida,
que yo no dejaré de abrazarte
en tus días aciagos,
que vendrán…
de mirada húmeda y perdida.
José Ignacio
Cuánto amor lleva implícito este poema, compañero.
La vida seguirá, debe hacerlo, pero ese legado que traes vale más que todo el oro del mundo. Mar, sol y futuro, mañanas plenas de horizontes y un recuerdo que hará luz de las sombras.
El columpio de la vida; qué bien lo expresaste... y ahí quedan los lazos imborrables de los que se tienen que ir y de los que se quedan.
Que aguanten estos cuerpos más de mil despedidas como esta, porque de vivos seguimos ofreciendo lunas y estrellas a nuestros seres queridos.
Precioso, señor José, que fue un placer leer, con un carajillo en la mesa, este canto a la vida incluso desde el más allá.
Un abrazo.
 
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No estarás sola mi niña.

No lo estarás
cuando yo me haya ido.


Estarás rodeada de mar,
de mi mar y de mi alma.
De ocasos de sol con futuro
de mañanas en calma.
De horizontes limpios,
con cielos cálidos
de color ámbar.


El sol,
te despertará
como siempre,
como cada mañana.
No encontrará mancha
de mi sombra,
pero te contará historias
de un viejo que te extraña.
Te iluminará los caminos
y allanará tu morada
a través de la ventanita
de tu alma.
Que te dará luz y calor
con reflejos en ámbar
y colores de amor.


Tú,
mi niña,
serás mi estrella,
serás mi guía,
serás el velamen
de mi travesía
en balsa
por ese mar
de oscura traza.


Guiarás
mi andadura
por el ámbar negro
hacia el columpio
de los sueños,
donde añoraré
tus balanceos
y tus besos.


No te bajes mi niña,
quédate de espaldas,
no te pierdas
el ocaso
de esa luz
que te abraza.
Búscame después
en el balanceo
de las olas
y colúmpiate
con los recuerdos
de aquel peluche
que nunca
te dejó sola.


No,
no te bajes
mi cielo,
que la luna
que te mira,
es la misma
que acogió
en su casa
la sombra
que te abraza,
y todas las noches,
mucho antes
que despierte el alba,
desciende en tus sueños,
y te cambia
los amargos por dichas,
dándote un beso
en tu mejilla redondita
y sonrosada.


No mi niña.
No te bajes.
Sujétate con fuerza
al columpio de la vida,
que yo no dejaré de abrazarte
en tus días aciagos,
que vendrán…
de mirada húmeda y perdida.
José Ignacio
Hablarle a esa niña entre emociones para encauzar los pasos. la vida
esta ahi, el abrazo amigo es esa mirada que siempre acompañara.
excelente saludos de luzyabsenta
 
Cuánto amor lleva implícito este poema, compañero.
La vida seguirá, debe hacerlo, pero ese legado que traes vale más que todo el oro del mundo. Mar, sol y futuro, mañanas plenas de horizontes y un recuerdo que hará luz de las sombras.
El columpio de la vida; qué bien lo expresaste... y ahí quedan los lazos imborrables de los que se tienen que ir y de los que se quedan.
Que aguanten estos cuerpos más de mil despedidas como esta, porque de vivos seguimos ofreciendo lunas y estrellas a nuestros seres queridos.
Precioso, señor José, que fue un placer leer, con un carajillo en la mesa, este canto a la vida incluso desde el más allá.
Un abrazo.

Muchas gracias Alonso por detenerte en este columpio y aportarle un acertado impulso en su vaivén... de la vida, mientras disfrutas de la sobremesa y de un estupendo carajillo.
Me alegra que te haya gustado y que la interpretaras tan bien.
Un abrazo Alonso. José I.

¡Viva el Carajillo!
 
De nuevo me adentro para disfrutar en una nueva lectura de esta obra.
Agradezco ademas tu respuesta amable para mi comentario.
saludos siempre de luzyabsenta

Luzyabsenta, que sepas que siempre tienes abiertas las puertas para cuando quieras pasar y dedicarle el tiempo que quieras, tiempo que te agradezco, que en ocasiones uno no tiene. Gracias de nuevo. Un abrazo. José I.
 

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