Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
No te deseo.
Me lo repito como quien afila el silencio con los dientes,
como quien guarda un fósforo
sabiendo que va a encenderse solo.
No te deseo.
Lo juro con la boca cerrada,
mientras la piel recuerda
el mapa exacto de tus dedos en mi espalda.
No te pienso.
Pero cada pensamiento tropieza contigo,
como si fueras el eco que se esconde
detrás de todo lo que no digo.
No te extraño.
Hasta que la noche se parece demasiado a tu ausencia,
y el aire se pone a buscarme como vos,
despacio,
urgente.
No te amo.
(Mentira sin confesión,
mentira que sabe mi nombre y me llama bajito).
Y sin embargo,
cada vez que cierro los ojos,
sos la imagen que no se va,
la herida que ya no sangra pero arde.
Me lo repito como quien afila el silencio con los dientes,
como quien guarda un fósforo
sabiendo que va a encenderse solo.
No te deseo.
Lo juro con la boca cerrada,
mientras la piel recuerda
el mapa exacto de tus dedos en mi espalda.
No te pienso.
Pero cada pensamiento tropieza contigo,
como si fueras el eco que se esconde
detrás de todo lo que no digo.
No te extraño.
Hasta que la noche se parece demasiado a tu ausencia,
y el aire se pone a buscarme como vos,
despacio,
urgente.
No te amo.
(Mentira sin confesión,
mentira que sabe mi nombre y me llama bajito).
Y sin embargo,
cada vez que cierro los ojos,
sos la imagen que no se va,
la herida que ya no sangra pero arde.