Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Siempre me cuesta entender un poco lo que me dices y no porque tu voz no sea clara, sino porque cuando hablas mis oídos se pierden entre el ruido de la calle que suplica su calma; se pierden entre las ordenes del general hormiga que grita todos por la derecha y la columna va tan recta como una regla que no entiendo cual es la izquierda. Qué sé yo, me cuesta entenderte hasta cuando me dices hola y el ruido de mi corazón entorpece el entendimiento y las orejas me traicionan y entonces prefiero pensar que me dijiste pan con mantequilla, o ensalada de acelgas, o auxilio el edificio se incendia; todo para poner mi cara de azoro y no quedar como un bobo que no entiende nada.
Bueno, no siempre me cuesta trabajo entenderte, en mi sueños te escucho claro, entiendo perfecto ese hola, ese pásame la sal, ese no te necesito déjame en paz, que incendia todos mis sentidos porque sé que en realidad me estas diciendo que te encanta el aullido de mis cabellos con el roce de tus dedos y después el de tus labios por los míos.
En mi sueños todo es muy claro porque tú eres mi sueño y porque en ellos puedo entender que tus defectos y virtudes son el complemento que le hace falta a mi alma para ajustar el fiel de la balanza. En la vida me gusta jugar a que no te comprendo porque mi vida cada día termina en el sueño de reinventarte de nuevo.
Due 9.9.11 en una tarde de otoño que ha usurpado las sensaciones de invierno con su solecito brillante que pica y su sombra que obliga a cubrir el cuerpo con la chamarra y el alma con un Dios mío, cómo te extraño.
Nota 1. Contraté el servicio de noticias gratuitas al celular, sólo para saber que alguien, sea quien sea, me manda mensajes tsst
Nota 2. Tu palabra será lo único que se quede cuando te vayas
Nota 3. Ayer fui de invitado a cenar a un restaurante de lujo, no cabe duda que verdadero lujo es el no pagar la cuenta.
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