Álex Hernández
Poeta recién llegado
Yo no supe como aferrarme a sus cordilleras:
que sus rodillas son las montañas
más bonitas que hayan besado mis ojos.
Me perdí en el alcohol de su risa,
en la timidez de su soledad
y en sus ganas de ser eterna.
Me preguntaba con frecuencia
porque me besaba con los ojos abiertos:
-te estoy abriendo el corazón
y mi alma con el choque de miradas-
me decía.
-Me estoy reparando mientras intento salvarte-
me decía.
Ella la poesía,
yo el amante de sus letras.
No supe como quererte,
querida.
Y eso
no es culpa de nadie.
— Álex Hernández. Oda a una primavera de mierda.
que sus rodillas son las montañas
más bonitas que hayan besado mis ojos.
Me perdí en el alcohol de su risa,
en la timidez de su soledad
y en sus ganas de ser eterna.
Me preguntaba con frecuencia
porque me besaba con los ojos abiertos:
-te estoy abriendo el corazón
y mi alma con el choque de miradas-
me decía.
-Me estoy reparando mientras intento salvarte-
me decía.
Ella la poesía,
yo el amante de sus letras.
No supe como quererte,
querida.
Y eso
no es culpa de nadie.
— Álex Hernández. Oda a una primavera de mierda.