Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
No te prometo nada
ni siquiera el cielo
las sombra abiertas
de la noche estrellada.
No te prometo
las manos cerradas
los ojos de penumbra
ni el sinfín de olas.
Nada que pueda ofrecer
una lámpara de faro
Un mar de hojas blancas
las cenizas del beso
o el mismo cielo del labio
que se acomoda en su boca;
nada.
Que pueda prometer
el candor de una caricia
la levadura de los silencios
que se crecen en los pasillos;
nada,
ni el miedo a lo conocido
los puentes con sus recortes
las imágenes de la vida
aquellas laminas del país que soy.
No esperes mucho de mí,
de aquella sordera en mis cuentos
el solo apocalipsis de la memoria
no me pidas una visión
ni la fotografía de mi historia;
nada.
Si te persigo por la vida
no seas tú la que me ruega,
no tengas derrotas
solo deshoras que se cuelan
por la ventana
no pidas tanto;
ni nada...
ni siquiera el cielo
las sombra abiertas
de la noche estrellada.
No te prometo
las manos cerradas
los ojos de penumbra
ni el sinfín de olas.
Nada que pueda ofrecer
una lámpara de faro
Un mar de hojas blancas
las cenizas del beso
o el mismo cielo del labio
que se acomoda en su boca;
nada.
Que pueda prometer
el candor de una caricia
la levadura de los silencios
que se crecen en los pasillos;
nada,
ni el miedo a lo conocido
los puentes con sus recortes
las imágenes de la vida
aquellas laminas del país que soy.
No esperes mucho de mí,
de aquella sordera en mis cuentos
el solo apocalipsis de la memoria
no me pidas una visión
ni la fotografía de mi historia;
nada.
Si te persigo por la vida
no seas tú la que me ruega,
no tengas derrotas
solo deshoras que se cuelan
por la ventana
no pidas tanto;
ni nada...
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