Parece un silbo de brisas
en las sabanas del medio,
se oye un lamento de pobres
porque te fuiste pal cielo,
mujeres sollozan rendidas,
hombres lloran sin remedio,
porque cabalgas en sueños
cerrando los ojos pá siempre,
encendiendo tus luceros
como guía interminable
de tantos caminos de arrieros.
No te vayas, comandante,
lo piden los ríos llaneros,
lo gritan los medanales,
y en los andes orgullosos,
los cóndores en su vuelo,
van regando tus palabras
como si fuera un incendio
que quema lo más profundo
de las almas, de los pechos,
y por el lago de Maracaibo
se divisa hacia lo lejos
el brillante catatumbo
repartiendo sus reflejos
retumbando como Hugo,
constante, sencillo y eterno.
La sabana en Carabobo,
manda garzas en su vuelo,
cuenta historias de valientes,
y te cuenta ahora entre ellos,
los tepuyes majestuosos
guardan siglos de silencio,
que llegan al Orinoco, al Apure,
al Limón y al Aponwao
y a Cunaviche adentro.
No te vayas comandante,
lo piden también los negros,
el catirrusio y el indio,
el musiú y el jornalero,
el que cuida carros en la calle,
los soldados de la patria
y los niños de este pueblo.
Si te vas, mi comandante,
déjanos tu voz tendida
deja tu silbo coplero,
deja tu boina y tu risa
déjanos todos tus cuentos
de arañero en Sabaneta,
de teniente en los esteros,
de hijo de casa humilde,
de corazones, minero,
de soñador de patria grande,
de constructor y de guerrero,
de hombre inclinado ante Cristo,
predicando libertades,
sembrando de amor los terrenos.
No te vas, mi comandante,
te quedas por las esquinas,
por el campo y los aleros,
te quedas en mi bandera,
en mi escudo y en el viento,
eres la tempestad que nace
para romper los silencios,
eres revolución bonita
que entre todos cuidaremos
para darle a nuestros nietos
la patria que merecemos.
(Tu cuerpo se va, mi comandante,
Pero ellos no volverán!!!)
diego espinoza
Marzo 6 de 2013.
en las sabanas del medio,
se oye un lamento de pobres
porque te fuiste pal cielo,
mujeres sollozan rendidas,
hombres lloran sin remedio,
porque cabalgas en sueños
cerrando los ojos pá siempre,
encendiendo tus luceros
como guía interminable
de tantos caminos de arrieros.
No te vayas, comandante,
lo piden los ríos llaneros,
lo gritan los medanales,
y en los andes orgullosos,
los cóndores en su vuelo,
van regando tus palabras
como si fuera un incendio
que quema lo más profundo
de las almas, de los pechos,
y por el lago de Maracaibo
se divisa hacia lo lejos
el brillante catatumbo
repartiendo sus reflejos
retumbando como Hugo,
constante, sencillo y eterno.
La sabana en Carabobo,
manda garzas en su vuelo,
cuenta historias de valientes,
y te cuenta ahora entre ellos,
los tepuyes majestuosos
guardan siglos de silencio,
que llegan al Orinoco, al Apure,
al Limón y al Aponwao
y a Cunaviche adentro.
No te vayas comandante,
lo piden también los negros,
el catirrusio y el indio,
el musiú y el jornalero,
el que cuida carros en la calle,
los soldados de la patria
y los niños de este pueblo.
Si te vas, mi comandante,
déjanos tu voz tendida
deja tu silbo coplero,
deja tu boina y tu risa
déjanos todos tus cuentos
de arañero en Sabaneta,
de teniente en los esteros,
de hijo de casa humilde,
de corazones, minero,
de soñador de patria grande,
de constructor y de guerrero,
de hombre inclinado ante Cristo,
predicando libertades,
sembrando de amor los terrenos.
No te vas, mi comandante,
te quedas por las esquinas,
por el campo y los aleros,
te quedas en mi bandera,
en mi escudo y en el viento,
eres la tempestad que nace
para romper los silencios,
eres revolución bonita
que entre todos cuidaremos
para darle a nuestros nietos
la patria que merecemos.
(Tu cuerpo se va, mi comandante,
Pero ellos no volverán!!!)
diego espinoza
Marzo 6 de 2013.