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No tengo un yo que se enaltezca
solo este, derruido y sucio,
No soy digno de sentarme a mi propia mesa
ni mi nombre llamarme,
y no reparo en los atropellos dolosos
a no ser que me duela mas que a ti
la pena.
No tengo un yo que se enaltezca
solo este, derruido y sucio,
No soy digno de sentarme a mi propia mesa
ni mi nombre llamarme,
y no reparo en los atropellos dolosos
a no ser que me duela mas que a ti
la pena.