En el mármol rosáceo de tus recuerdos se transfigura un rostro demacrado. Todo él claveteado por la insana viruela de los despotricados enfermos. Que duermen en lúgubres hospicios. Donde la flauta de Pan despierta patologías mortales en los cobardes médicos. Los cuales, inyectan con agujas oxidadas el veneno negro en las carnes de sus desdichados pacientes. Hasta cuándo, el sistema hospitalario seguirá con esta maquiavélica estrategia. Y mientras, un sollozo funesto repercute en las paredes manchadas de vino. Donde antaño, los tarados se lo pasaban bomba. Emborrachándose. Mientras los celadores fornicaban en agujereadas almohadas sudadas. Pero no todo termina ahí. También, culos gordos de blasfemas matronas eran expuestos en el purgatorio central del psiquiátrico. Para que así, los mirones se la cascaran. Mientras una estufa a punto de reventar, quemaba la piel cartilaginosa de los últimos héroes que habían prometido a su dios la santa y bendita castidad.