AngelDelRosal
Poeta recién llegado
El manto oscuro de la noche cubrió el cielo hace unas horas. Las brillantes estrellas fueron arrolladas por turbias nubes tormentosas. Hace un poco de frío. La humedad se trepa en todo lo que encuentra a su paso, mientras garúa suavemente en esta invernal noche de agosto.
Observo... Este tiempo horrible hace acentuar en mí la tendencia a meditar sobres los profundos valores de este mundo. Una y mil veces me planteo preguntas sin respuesta... Miro a mi alrededor tratando de encontrar algo que responda a los múltiples interrogantes que divagan en mi mente.
El sueño me va ganando esta partida...
Comienzo a adormecerme lentamente... poco a poco. Aún mis ojos continúan entreabiertos en esta espesa oscuridad.
Finalmente, decido reposar en este viejo sillón, y entregarme a la maravillosa magia de los sueños.
Al cabo de un instante, mis ojos se abren. Me levanto lentamente para deambular por este lugar que me rodea. Miro a mi alrededor, desconozco este mundo circundante. Me observo a mí misma. Noto que mi cuerpo es diferente, reviste mi ser una diáfana túnica y un par de alas aterciopeladas.
Camino despacio... de a poco voy asimilando aromas nuevos en este lugar extraño, al cual, indudablemente, nunca concurrí. Parece como si hubiese viajado a un sitio muy lejano y desconocido.
Mis blancos pies andan libremente sobre la hierba fresca; y en cada uno de mis sentidos se impregnan las maravillas de este paisaje.
Voy marchando sin prisa. Mientras tanto puedo ver a varios niños jugar dulcemente con sus padres; también a parejitas de enamorados compartiendo un amor sincero; y un poco más lejos, a unos ancianos disfrutar de esta admirable naturaleza.
Prosigo con mi incesante caminata, sólo Dios sabe dónde me dirijo.
De pronto, diviso a la distancia, una humilde casita apartada. Me encamino hacia ella, para tratar de ingresar a su interior. La puerta estaba entreabierta y no pareció negarme paso. Nadie viene a mi encuentro, y quizá nadie venga a recibirme...
Comienzo a examinar cada espacio de este refugio. algo me incentiva a seguir. Voy como buscando algo... no sé por qué. Una ventana íntegramente abierta deja entrar la tibia fragancia de los rosales del jardín. Mis ojos se inquietan por conocer la misteriosa habitación sombría del fondo de la casa. Por momentos me rehusé a exponerme a ese lugar. Pero mi afiladísima intuición me indicó asistir allí. Me dirijo temerosa, con precaución, pero con firmeza. Apoyé una de mis manos en aquella áspera pared y me asomé a la sórdia morada. Empiezo a internarme en ella. Sólo percibo un amargo olor a humedad y a polvo... Más hacia el fondo puedo alcanzar a ver una tenue lucecita que parece consumirse.
Me acerco cada vez más. Tal parece un inhóspito y desolado lecho. Al aproximarme sigilosa advierto... La sombra de una figura humana. Ésta parece moverse suavemente entre sábanas y mantas revueltas.
Decido llegar hasta allí, pero una ensordecedora voz que proviene de mi interior me sacude bruscamente. Lucho por abrirme paso. Avanzo. Espero. Apenas puedo ver desde aquí sus tristes ojos... Parecen acongojados, sin consuelo. Veo que de ellos desbordan mil lágrimas agrias sin contención, las que caen irremediablemente al mar del olvido. Su vieja y desgastada almohada absorbe sus penas y atesora en su profundidad la totalidad de sus sentimientos.
Me impresiono observando cómo cada uno de sus músculos se escurre entre las lanas de aquel inerte colchón. El vencedor cansancio se apodera de ella y termina por vencer a la tristeza y al dolor.
Ya puedo verla dormir plácidamente. Con prudencia camino hacia esta alma tan desdichada que parece desfallecer en su propio lecho.
Voy hacia ella. Me siento lentamente en su cama y la contemplo unos minutos... Sólo en ese momento se la nota tranquila y feliz.
Le tomo la mano y me detengo a mirarla con calma... Hay algo especial en ella... no lo sé... Algo muy familiar...
De repente escucho que el viento afuera comienza a inquietarse, está enardecido. Pienso que será mejor retirarme, no sea que esta muchacha despierte y me encuentre aquí.
Al cerrar la puerta de entrada, el viento me atropella, puedo sentir cómo mi cuerpo se hace vulnerable ante él. Trato, no puedo resistirlo, me siento desvanecer... Pierdo la noción de tiempo y espacio.
Me despierto exaltada. Trato de despabilarme. Intento recordar aquel fugaz y tan extraño sueño en que era un ángel.
Me levanto del viejo sillón en el que me había adormecido. Voy hacia la puerta de mi hogar para contemplar la bendita inestabilidad del tiempo. Tomo una silla y la instalo frente a mi escritorio, para hacer un balance general de esta avasalladora rutina.
Mis manos, esclavas eternas y encargadas incesantes de transcribir lo que mi corazón les dicta, parecen encontrarse desanimadas, desesperanzadas. Me desconciertan, trato de entenderlas... Sencilla y claramente reclaman lo que les pertenecía. Dueñas majestuosas de una lejana felicidad, ven hoy como se cuelan entre sus dedos la ironía y la osadía de tus palabras "Señor Amor". Tu eterno y masculino nos hace sorprende en una astuta jugada, y el aroma vívido de tu presencia se instala en mi piel... Tu personalidad Señor me arrebata, porque eres puro y contante devenir. Te atreves al desafío, me provocas y dejas a mi alma, a mis manos y a mi piel desnudas en este mundo cruel. Te niegas a brindarme tu placentero y cálido abrazo... Tampoco desistes ante el temor de la perpetuidad mi querido Amor.
Entonces, desgastada, me iré alejando así, aunque las vestiduras de mi ser se desgarren tendiendo los brazos hacia tí. Qué más dá, mis enmarañados sentimientos hacia tí, ya están impregnados en este inverosímil papel... Ya cumplí con mi cometido.
Siendo ya la media noche, voy a abandonarme al dulce desncaso, en mi lejana y sombría habitación. Allí velan por mí, un inerte colchón y mi vieja y desgastada almohada que absorverá una vez más, en esta noche, mil lágrimas de amor...
Observo... Este tiempo horrible hace acentuar en mí la tendencia a meditar sobres los profundos valores de este mundo. Una y mil veces me planteo preguntas sin respuesta... Miro a mi alrededor tratando de encontrar algo que responda a los múltiples interrogantes que divagan en mi mente.
El sueño me va ganando esta partida...
Comienzo a adormecerme lentamente... poco a poco. Aún mis ojos continúan entreabiertos en esta espesa oscuridad.
Finalmente, decido reposar en este viejo sillón, y entregarme a la maravillosa magia de los sueños.
Al cabo de un instante, mis ojos se abren. Me levanto lentamente para deambular por este lugar que me rodea. Miro a mi alrededor, desconozco este mundo circundante. Me observo a mí misma. Noto que mi cuerpo es diferente, reviste mi ser una diáfana túnica y un par de alas aterciopeladas.
Camino despacio... de a poco voy asimilando aromas nuevos en este lugar extraño, al cual, indudablemente, nunca concurrí. Parece como si hubiese viajado a un sitio muy lejano y desconocido.
Mis blancos pies andan libremente sobre la hierba fresca; y en cada uno de mis sentidos se impregnan las maravillas de este paisaje.
Voy marchando sin prisa. Mientras tanto puedo ver a varios niños jugar dulcemente con sus padres; también a parejitas de enamorados compartiendo un amor sincero; y un poco más lejos, a unos ancianos disfrutar de esta admirable naturaleza.
Prosigo con mi incesante caminata, sólo Dios sabe dónde me dirijo.
De pronto, diviso a la distancia, una humilde casita apartada. Me encamino hacia ella, para tratar de ingresar a su interior. La puerta estaba entreabierta y no pareció negarme paso. Nadie viene a mi encuentro, y quizá nadie venga a recibirme...
Comienzo a examinar cada espacio de este refugio. algo me incentiva a seguir. Voy como buscando algo... no sé por qué. Una ventana íntegramente abierta deja entrar la tibia fragancia de los rosales del jardín. Mis ojos se inquietan por conocer la misteriosa habitación sombría del fondo de la casa. Por momentos me rehusé a exponerme a ese lugar. Pero mi afiladísima intuición me indicó asistir allí. Me dirijo temerosa, con precaución, pero con firmeza. Apoyé una de mis manos en aquella áspera pared y me asomé a la sórdia morada. Empiezo a internarme en ella. Sólo percibo un amargo olor a humedad y a polvo... Más hacia el fondo puedo alcanzar a ver una tenue lucecita que parece consumirse.
Me acerco cada vez más. Tal parece un inhóspito y desolado lecho. Al aproximarme sigilosa advierto... La sombra de una figura humana. Ésta parece moverse suavemente entre sábanas y mantas revueltas.
Decido llegar hasta allí, pero una ensordecedora voz que proviene de mi interior me sacude bruscamente. Lucho por abrirme paso. Avanzo. Espero. Apenas puedo ver desde aquí sus tristes ojos... Parecen acongojados, sin consuelo. Veo que de ellos desbordan mil lágrimas agrias sin contención, las que caen irremediablemente al mar del olvido. Su vieja y desgastada almohada absorbe sus penas y atesora en su profundidad la totalidad de sus sentimientos.
Me impresiono observando cómo cada uno de sus músculos se escurre entre las lanas de aquel inerte colchón. El vencedor cansancio se apodera de ella y termina por vencer a la tristeza y al dolor.
Ya puedo verla dormir plácidamente. Con prudencia camino hacia esta alma tan desdichada que parece desfallecer en su propio lecho.
Voy hacia ella. Me siento lentamente en su cama y la contemplo unos minutos... Sólo en ese momento se la nota tranquila y feliz.
Le tomo la mano y me detengo a mirarla con calma... Hay algo especial en ella... no lo sé... Algo muy familiar...
De repente escucho que el viento afuera comienza a inquietarse, está enardecido. Pienso que será mejor retirarme, no sea que esta muchacha despierte y me encuentre aquí.
Al cerrar la puerta de entrada, el viento me atropella, puedo sentir cómo mi cuerpo se hace vulnerable ante él. Trato, no puedo resistirlo, me siento desvanecer... Pierdo la noción de tiempo y espacio.
Me despierto exaltada. Trato de despabilarme. Intento recordar aquel fugaz y tan extraño sueño en que era un ángel.
Me levanto del viejo sillón en el que me había adormecido. Voy hacia la puerta de mi hogar para contemplar la bendita inestabilidad del tiempo. Tomo una silla y la instalo frente a mi escritorio, para hacer un balance general de esta avasalladora rutina.
Mis manos, esclavas eternas y encargadas incesantes de transcribir lo que mi corazón les dicta, parecen encontrarse desanimadas, desesperanzadas. Me desconciertan, trato de entenderlas... Sencilla y claramente reclaman lo que les pertenecía. Dueñas majestuosas de una lejana felicidad, ven hoy como se cuelan entre sus dedos la ironía y la osadía de tus palabras "Señor Amor". Tu eterno y masculino nos hace sorprende en una astuta jugada, y el aroma vívido de tu presencia se instala en mi piel... Tu personalidad Señor me arrebata, porque eres puro y contante devenir. Te atreves al desafío, me provocas y dejas a mi alma, a mis manos y a mi piel desnudas en este mundo cruel. Te niegas a brindarme tu placentero y cálido abrazo... Tampoco desistes ante el temor de la perpetuidad mi querido Amor.
Entonces, desgastada, me iré alejando así, aunque las vestiduras de mi ser se desgarren tendiendo los brazos hacia tí. Qué más dá, mis enmarañados sentimientos hacia tí, ya están impregnados en este inverosímil papel... Ya cumplí con mi cometido.
Siendo ya la media noche, voy a abandonarme al dulce desncaso, en mi lejana y sombría habitación. Allí velan por mí, un inerte colchón y mi vieja y desgastada almohada que absorverá una vez más, en esta noche, mil lágrimas de amor...
Última edición:
![amantes[1].jpg amantes[1].jpg](https://cdn.mundopoesia.com/foros/data/attachments/0/851-eead39ad65c1abd726c976fe157edf2e.jpg?hash=7q05rWXBq9)