Miriam Camelo
Poeta recién llegado
El silencio taladra mi espíritu
en medianoche de viernes,
no respiro,
el corazón repica y cimbra todos los huesos.
Tanta ausencia
me despoja el nombre y la distancia
se burla de la oquedad
en la mirada.
El dolor me sella los labios,
con un desfile de versos
me crece el miedo,
las costillas se agitan como ramas al viento
y la soledad
no desiste de lamer mis pies,
humecta incertidumbre
al temblor de mis rodillas.
La ausencia de sueño
sumerge mis heridas
en la salmuera de recuerdos.
Bebo a sorbos la tristeza
y simulo descansos en cada uno,
agoto la copa de sombras
en el último verso
de un amanecer eyaculado.
Última edición: