Ana María Giordano
Poeta que no puede vivir sin el portal

Noche de luna llena
Primero de octubre, es noche de luna llena, la veo desde mi ventana entre las hojas del algarrobo como un espejo mágico de quimeras.
Y la miro misteriosa...
¿Qué pensará ella de mí?
¿Es que acaso me ve desde su espacio oscuro?
¿Adivina lo que siento?
Una insignificante luz se ve en mi ventana, tal vez me vea y descubra lo que siente hoy mi alma.
¿Y si la dejo que entre en ella, que adivine y me lleve en su ronda al poniente?
Quizás si me subo en lo alto de la araucaria cercana y le tiendo mis manos, ella estire las suyas y me tome en sus brazos.
Yo cerraré mis ojos e imaginaré que me elevo, etérea como luciérnaga que quiere cumplir sus anhelos de conocer otros lugares lejanos, para que la lleven a pasear entre los jazmines del cielo, las fuentes de aguas puras donde los ángeles beben.
Los bosques del paraíso, de ese que es un misterio y en donde habita mi amor, el de mis silencios.
Y entre nubes de cometas y pulseras de estrellas, que se pone la noche para estar más bella, bailaremos nuestra danza de amor, con la sonata que queremos.
Quiero irme para poder verlo, a ese ser que tanto quiero, desde arriba con la luna, las estrellas y el lucero, en esta noche de quimeras, de rondas y de hechizos veinteañeros
Para amarnos hasta el alba, y dormirnos en un sueño.
Ana María Di Bert Giordano
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