NOCHE DE SAN JUAN
NIT DE SANT JOAN
La noche del solsticio; la noche mágica desde la que nos dirigimos inexorablemente hacia la nueva oscuridad. Hay que expiar las culpas y abrir un nuevo tiempo para seguir cometiéndolas.
Aquí,en el Mediterráneo español, la costa se puebla de hogueras,canciones y vida. Como en todo el mundo nacido de aquellos fabuladores inmensos, que fueron los griegos. El fuego, la efímera hoguera, la noche más corta que da paso al largo día de nuestro viaje a la desaparición. Aquí enterramos como fructíferos tubérculos nuestros deseos mientras las siete olas taumatúrgicas lamen amorosamente nuestros pies, como aspersión iniciática para que todo se cumpla.
Anoche la playa estaba pletórica de gente. En el cielo la luna llena daba al escenario la grandiosidad y misterio necesarios. El mar, nuestro Mediterráneo, este mar femenino, estaba calmo, recamado de las lentejuelas de plata con que la luna lo adornaba; sólo su profundo respirar daba cuenta de su enorme poder.
No hacía falta ser profeta para adivinar en cada espíritu la emoción contenida, la ilusión que encendía las miradas como pequeñas, íntimas hogueras,esperando el momento del prodigio: las doce de la noche. Todos éramos nuestros propios jefes; todos, en medio de la multitud, nos sentíamos acoplados en una organización espontánea, en una anomia aceptada y deseada donde la sonrisa era el estipendio universal.
Las doce de la noche: el escalofrío que recorre nuestras espinas dorsales.El agua besando nuestros pies y, súbitamente, el fuego presentido.Tal vez fue sólo un segundo, pero un segundo puede contener toda la eternidad. Cada pupila fue un firmamento, una fusión ígnea e inocente del eterno fulgir de las estrellas y de este otro, efímero,de los fuegos de artificio. El prodigio se había producido. Aquellas aguas lustrales nos habían redimido; la epifanía de la luz nueva del solsticio nos había hecho otra vez inocentes.
Y entonces sonó la habanera, triste y malva, recipiente sutil de las nostalgias, que, como la proa de un leve barco, hendía la sustancia de este sueño, uniéndonos con aquellos mismos nosotros que están al otro lado del ocaso. Entonces el latido se hizo cósmico; la comunión, perfecta.
Noche de San Juan, nit de Sant Joan. Fuego,agua, el misterio del ser humano transmigrado al espíritu de un dios, siquiera por una noche.
NIT DE SANT JOAN
La noche del solsticio; la noche mágica desde la que nos dirigimos inexorablemente hacia la nueva oscuridad. Hay que expiar las culpas y abrir un nuevo tiempo para seguir cometiéndolas.
Aquí,en el Mediterráneo español, la costa se puebla de hogueras,canciones y vida. Como en todo el mundo nacido de aquellos fabuladores inmensos, que fueron los griegos. El fuego, la efímera hoguera, la noche más corta que da paso al largo día de nuestro viaje a la desaparición. Aquí enterramos como fructíferos tubérculos nuestros deseos mientras las siete olas taumatúrgicas lamen amorosamente nuestros pies, como aspersión iniciática para que todo se cumpla.
Anoche la playa estaba pletórica de gente. En el cielo la luna llena daba al escenario la grandiosidad y misterio necesarios. El mar, nuestro Mediterráneo, este mar femenino, estaba calmo, recamado de las lentejuelas de plata con que la luna lo adornaba; sólo su profundo respirar daba cuenta de su enorme poder.
No hacía falta ser profeta para adivinar en cada espíritu la emoción contenida, la ilusión que encendía las miradas como pequeñas, íntimas hogueras,esperando el momento del prodigio: las doce de la noche. Todos éramos nuestros propios jefes; todos, en medio de la multitud, nos sentíamos acoplados en una organización espontánea, en una anomia aceptada y deseada donde la sonrisa era el estipendio universal.
Las doce de la noche: el escalofrío que recorre nuestras espinas dorsales.El agua besando nuestros pies y, súbitamente, el fuego presentido.Tal vez fue sólo un segundo, pero un segundo puede contener toda la eternidad. Cada pupila fue un firmamento, una fusión ígnea e inocente del eterno fulgir de las estrellas y de este otro, efímero,de los fuegos de artificio. El prodigio se había producido. Aquellas aguas lustrales nos habían redimido; la epifanía de la luz nueva del solsticio nos había hecho otra vez inocentes.
Y entonces sonó la habanera, triste y malva, recipiente sutil de las nostalgias, que, como la proa de un leve barco, hendía la sustancia de este sueño, uniéndonos con aquellos mismos nosotros que están al otro lado del ocaso. Entonces el latido se hizo cósmico; la comunión, perfecta.
Noche de San Juan, nit de Sant Joan. Fuego,agua, el misterio del ser humano transmigrado al espíritu de un dios, siquiera por una noche.
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