Mary Mura
Poeta veterano en el portal
Noche de soledad
Una anciana apoyaba su cuerpo en la gran ventana,
afuera una gran tormenta que sus vidrios empañaba.
Otrora estaban los niños que en la lluvia chapoteaban,
hoy hay solo un gran silencio de una noche desolada.
Recordaría su infancia su adolescencia lejana,
la mesa llena de niños la alegría que albergaba.
Que quedó de todo aquello sus hijos no tienen tiempo,
los nietos que tanto amó quedaron en su recuerdo.
Que pasa en los sentimientos que los jóvenes se escapan,
que se alejan de los viejos igual de vieja chatarra.
De repente esta anciana abrió las grandes ventanas ,
un relámpago mostró cuanto la anciana lloraba.
Recuerden que el amor no tiene cara ni edad y que jóvenes y viejos necesitan el amor en la misma cantidad de dosis.
Una anciana apoyaba su cuerpo en la gran ventana,
afuera una gran tormenta que sus vidrios empañaba.
Otrora estaban los niños que en la lluvia chapoteaban,
hoy hay solo un gran silencio de una noche desolada.
Recordaría su infancia su adolescencia lejana,
la mesa llena de niños la alegría que albergaba.
Que quedó de todo aquello sus hijos no tienen tiempo,
los nietos que tanto amó quedaron en su recuerdo.
Que pasa en los sentimientos que los jóvenes se escapan,
que se alejan de los viejos igual de vieja chatarra.
De repente esta anciana abrió las grandes ventanas ,
un relámpago mostró cuanto la anciana lloraba.
Recuerden que el amor no tiene cara ni edad y que jóvenes y viejos necesitan el amor en la misma cantidad de dosis.