ojicafes
Poeta que considera el portal su segunda casa
Noche en el trópico.
Es noche, reclama su porción del día, tiende su manto lúgubre, es tarde para esto. Se me ha perdido la sombra bajo las pisadas, late sin huellas, se la llevaron los peces sin escama en las agallas. Las burbujas branquiales rompen en el boulevard de la superficie en los espejuelos. El retorno de las aves abren el camino a los bebedores de sangre. El silbido, murmullo del dios de los vientos, es de una flauta salteado de rojo y blanco con los pies en la tierra, sus raíces no son para dar frutos ni dar de beber a los perdidos con nociones de supervivencia. El viento viene del este al trópico, los aspavientos, abanicos sin paja por los mosquitos hipodérmicos ávidos de transfusión sanguínea. Los pijijes de bronce, aves sin sueño, se dejan escuchar pero no están al alcance de las ondas con ojivas de piedras, ni a la vista despierta de los mapaches, andan taladrando con el filo de sus picos la noche. Entre los juncales las marimbas infantiles siguen presurosos las plumas vivas para los tinteros. Ancla la luna en las ramas con las gargantas secas, se quiebran las hojas con el peso infinito de la oscuridad. Los humedales croan en los trasnoches desfasadas de luna, los sorprende el timbre de las gotas suicidas en el matorral. Las betas de gris, tiende sus redes, el manto rosa primavera. Las cigüeñas dejaron los niños en su cuna para bañarse en las charcas desgastando sus picos. La noche de ensueños, es noche en el trópico. El sueño envuelve con su manto... y me encuentra dormido.
Geber Humberto Pérez Ulín.